Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



Monday, April 27, 2009

Historia Cortitas. El rio.-


El río

En un recodo del río, sobre el lado derecho, hay una especie de pantano, cubierto por completo de camalotes y nenufas, las algas se estiran casi a flor de agua y un árbol largo y grueso, le ha cortado una herida seca al corazón del monte, haciendo un puente como si lo hubiera planeado, desde la orilla hasta una pequeña isla de resaca. Sobre el tronco una tortuga verde amarronada, muestra su brillante y gastada caparazón, tentando al sol para que le caliente su pequeño cuerpo de sangre fría.

A la orilla del agua, una gallineta se divierte sola, jugando a la mancha con los insectos que flotan a flor de agua, o con mojarras y renacuajos que saben que si no corren nadan o vuelan rápido, la quedan para siempre. Una brisa alegre y constante, hace que los claveles del aire, se agarren fuerte de los sarandíes, los largos brazos del sauce llorón se menean con una cadencia suave y parece que con cariño le están rascando la espalda al río.

Son bagres o tarariras? no los pude ver, pero los coletazos que sacudieron los camalotes cerca de la boca del pantano, me dicen que se cansaron de arrastrar la panza contra la arena, y llenos de alegría salieron a regocijarse nadando en la corriente ancha y profunda del Santa Lucia Majestuoso.

Vueltas, recodos, afluentes y bancos de arena le dan al río una vista diferente a cada paso. La brisa, el sol y los perfumes del monte lo visten como si fuera una novia dulce y tierna en su camino al altar. Pero si se levanta de mal humor, se viste de lluvias, vientos y crecientes, se lleva todo por delante, es un demente buscando calma para sus pasiones internas. Los juncos castigan con violencia como queriendo castigar los pájaros, los remolinos se estremecen y abren su húmeda boca para tragarse la luz del rayo, el agua furiosa se estira hacia el monte y parece arrancarse pedazos de piel, arañándose contra los talitas y dando volteretas sobre las piedras, hasta llenarse la panza de tamarices y resaca.

A veces me gusta la calma del recodo, me baño en el aroma del jazmín salvaje, y sin poner carnada, pesco con un anzuelo imaginario la paz y la tranquilidad del lugar.

Pero otras veces me gusta verlo cuando le mojan la oreja con el ruido del trueno y levanta los brazos de agua, violento y enojado, desafiando al cielo con la espuma blanca de sus venas de agua revuelta.

Porque el río es como yo, por eso es mi río, pero solo lo puedo entender cuando estoy en el recodo.

El Tordillo

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