Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



Tuesday, January 11, 2022

Fin de año/ Historias cortitas.

 Historias cortitas.

Y de a poco el tiempo fue cambiando, el arroyo El Tornero empezó a crecer, nosotros que habíamos hecho campamento a metros de sus orillas, nos empezamos a preocupar. Yo era un gurí de 10 o 12 años, todos los Pintos, con sus crías, se habían reunido para festejar el fin de año en familia.

Seriamos como 30, Tío Mingo y mi padre Juan, venían con sus camiones desde Montevideo, esa era la planta principal del campamento, los dos camiones cola con cola, eran los dormitorios principales, donde los grandes y los mas chiquitos dormían. Los de mi edad y para arriba, debajo de los vehículos, armábamos nuestros lechos y nos ilusionábamos de que nos dejaban dormir afuera, pero siempre había alguien que tenia que romper el molde. Gladys la hija del Tío Mingo decía que era muy grande para estar con los gurises, pero era solo grande de edad porque era una petisita peleadora y engreída, las mellizas Olga y Hortensia, hijas de Tío Martin y de mi edad, tenían miedo, así que las tres fueron mandadas para arriba.

Los otros gurises éramos una bandada, 2 de Tío Perico, 3 de Tío Chino, mi hermano y yo, Judith y Ulisito que habían venido con los abuelos, Marisa que no tenia miedo y de invitados especiales Julito Menyou y Marquitos Garín. En síntesis, una manada traviesa, escurridiza y siempre sedienta de aventuras.

Cuando llego la orden de levantar todo, para cambiarse para lo alto, bajo los talitas frente la laguna de la cantera, fue un zafarrancho, la gurisada a las corridas llevaban sus cacharpas rumbo a ese santuario que quedaba a unos 200 metros. Los grandes cargaban la cocina Volcán, los barriles de cerveza, mesas, sillas, lonas y los tres gigantescos barriles que se usaban de heladeras de hielo para conservar la leche para los gurises y la carne para todos. Creo en uno de ellos había una vaca entera y en el otro toda la leche que el abuelo había ordeñado en el último mes. El Tío Perico se dedico a la salvaguarda de las damajuanas de vino.

El alboroto fue grande pero no hubo perdidas y al rato ya estaba todo pronto para comenzar la fiesta. La gurisada enfilo para la laguna grande, mojarreros en mano, los mas grandes con los ganchos para cazar mulitas rumbearon para los campos donde Don Magole era medianero y nos daba permiso. 

Entre las idas y venidas, los gritos de los grandes y el desconcierto general, mi hermano Ruben, el más pícaro de todos, le había robado un paquete de cigarrillos al Chino y una botella con vino a Perico… así pasaron las horas, cuando dimos la vuelta, los tres más grandes ya estaban mamaditos y jediendo a cigarro.

La penitencia fue para todos. Como quien dice, pasamos la noche de fin de año en vez de en familia, en cana y abajo del camión.

El Tordillo