Un lugar donde un hombre de Florida, la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal.



lunes, 15 de agosto de 2016

EL CAMINO EMPIEZA DESPUÉS…ME DIJERON

·  · en Camino de SantiagoUncategorized. ·

Hace un mes que terminé mi Camino de Santiago, y durante mi peregrinación escuché y leí varias veces: el camino comienza después, cuando se termina.
Se lo que viví , pero: ¿que es lo que tenía que empezar?. No hice mucho caso, estoy acostumbrada a viajar y sé que siempre hay una nostalgia por el viaje, por el movimiento, cuando se vuelve a casa. Lo normal, lo de siempre, pensé. Lo que me pasa a la vuelta desde hace años, me dije. Soy una viajera apasionada,  un espíritu“wanderlust” -te lo digo en alemán para ser precisa-; así que ya me imaginaba lo que vendría. Yo ya sabía…
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Pero no, no sabía. Efectivamente, y tal como me avisaron, el camino comenzó después. Hace ahora un mes, cuando aterricé de nuevo en Berlín, donde trabajo de guía, comenzaron los primeros síntomas.  Primero fue la angustia -como de síndrome de ansiedad- que se apoderó de mi mente y de mi cuerpo. Da igual que esté frente a una playa en el Mediterráneo o en un parque de Berlín. Da igual que esté hablando español, inglés o alemán, el camino siempre está ahí, presente. Nueve de cada diez veces que comienzo una frase, en el idioma que sea, es tipo “Cuando hice el Camino de Santiago…bla bla bla”. Y luego se remata -nueve de cada diez veces de nuevo- con un “quiero volver al camino pronto”
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Cuando me presentan nuevas personas, ya no me interesa saber a que se dedican, ni de que pais son o ese tipo de cosas;  la pregunta  que me sale hacer, es si han hecho el camino. Si no lo han hecho, pues que si saben lo que es o han oído hablar de él. Y si lo han hecho, que por qué lo han hecho, cuando, como y desde donde. Mis amigos que me conocen de tiempo empiezan a mirarme raro.  Todos mis planes futuros empiezan a girar alrededor de él: el tiempo libre que tendré, cuando lo tendré, la cantidad que tengo que ahorrar para hacerlo de nuevo, como llegar de Berlín a Sant Joan Pont de Port…
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Empezó la obsesión compulsiva de buscar -a veces consciente y otras inconscientemente- flechas amarillas por todos lados, hasta que resultó que no hay que buscarlas, que de verdad están por todos lados: en los andenes del metro, en la puerta de un restaurante, en los centros comerciales, una locura la verdad!    La otra es que se me van los ojos detrás de cada mochiler@ que me encuentro, pero no es que que voy buscando plan de verano, no. Yo lo único que busco son conchas colgando de la mochila y no una noche de pasión. En fin, lo que yo te diga, un sinvivir.
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Lo de saludar a todo el mundo que me cruzo por la calle con un “Buen Camino”, lo descarté hace tiempo. Una cosa es saber que te has quedado un poco loca, y otra cosa es actuar como una loca.  Aunque un día, de broma y con 2 copas de más con unos amigos, dije un Buen Camino al aire, y un rubio muy rubio que pasaba por allí me respondió Ultreya. Era noruego, y peregrino por tres veces. Bueno, imagínate: que fiesta!
Y ya esto es lo último, es que tengo un empeño que se me ha metido en la cabeza, y yo soy tela de cabezona: que todo el mundo sienta y viva lo que yo viví en el camino. Que se llenen de esa alegría, de esos valores, que se descubran un poco más a ellos mismos, bueno todo eso que el camino le regala al que abre bien los ojos y el corazón. Y para ayudar un poquito a que todo el mundo se lance he abierto un grupo solidario en facebook: Nadie sin su camino. Los mayores frenos que he notado en las personas que les cuesta lanzarse son: el miedo a ir solos y el andar cortos de dinero.
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En este grupo se pueden hacer anuncios para donar, prestar o vender a precio solidario material necesario en el camino: mochila, saco de dormir, chubasqueros, polares,bragas…bueno, eso último no. La vaselina también sería raruno, pero allá vosotros. También las personas que no quieran ir solas pueden lanzar un anuncio buscando compis de camino.  Un sitio para poder poner en práctica dos valores muy bonitos que el camino nos enseña: dar y recibir. Ojalá algún día se pueda ir por todo el mundo, diciendo Buen Camino en los aeropuertos, y la gente responda Ultreya. Sería bello,imagínate.
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Que sí, lo reconozco, que me he quedado pillá, que tengo una pedrá caminera en la cabeza que ni te cuento. Recién empiezo a aceptar, que de entre todos mis viajes por los 5 continentes, lo que siempre tuve más cerca en mi propio país -en mi casa- el camino, es lo que más me ha marcado. Y, por primera vez en mi vida tuve que decirle a Proust que tenía toda la razón del mundo.


https://viajadviajadmalditos.com/2016/07/31/camino-de-santiago-cronica-literatura/

miércoles, 13 de abril de 2016

Monasterio Cisterciense de Granja de Moreruela. (Agosto/29/2015)

 Después de ducharme y comer un poco para reponer fuerza, quede a la espera de un lugareño que me pasaría a buscar en su coche para llevarme a visitar el monasterio. Esteban, un tipo muy peculiar, de esos que te dejan intrigado, con la duda… ¿realmente sabe lo que está diciendo o se hizo su propia película?
Pasamos casi tres horas caminando por las ruinas, que en realidad es lo único que queda del antiguo y majestuoso monasterio, en cada piedra, Esteban, encuentra una historia, cada marca tiene un símbolo más allá del que le puedan haber dado los picapedreros originales. Cada orientación de ventana o puerta tiene un significado, o lo conoce como nadie, o, él se cree lo que me está contando. Con una erudición exquisita pasa de un lado a otro, acomodando su relato a lo que ha estudiado por años, cuando uno lo escucha, realmente se empieza a comprometer con su visión histórica  y con todas sus teorías sobre el lugar.

Para el las marcas en los muros no son las firmas o signos de los canteros que lo construyeron, sino que lo atribuye a una especie de grafiti, donde los monjes o de acuerdo a él, los primeros habitantes del lugar, que eran filósofos y hasta alquimistas, dejaban sus pensamientos y mensajes para los que se interesaran en la vida de los que vivían en el claustro.

De ahí surge que un símbolo, representa la palabra “Comunidad” otro “Jesús”, “Paraíso”, “Infierno”, “Dios” y así sucesivamente una cantidad interminable de significados, que con la intención de comunicarse con el exterior dejaban los monjes. La creencia común es que esos símbolos labrados en las piedras son la firma de los canteros o picapedreros que hicieron los bloques. Para Esteban esto no tiene sentido, porque los grabados son muy elaborados y consumirían mucho tiempo de trabajo para solo dejar una marca  de su creador. Sin embargo los monjes o filósofos enclaustrados tenían todo el tiempo necesario a su disposición para hacerlo de esa calidad.




La verdad, que mientras lo escuchaba me sentía capturado por la narrativa, cada vez que yo dudaba de algo, me daba una respuesta que de acuerdo a su teoría tenía sentido, así que me deje llevar por su visión y disfrute mucho de la visita.
Pero… al llegar a mi casa, como soy muy curioso, comencé a leer todo lo que puede sobre el tema, así fue que me surgió  la duda, la historia y la teoría de Esteban no encajaban, más bien lo escrito sobre esos monjes y el monasterio, contradicen casi todo lo que escuche ese día.


Pero a pesar de las dudas que hoy tengo, la visita fue muy linda y productiva, las ruinas son de una majestuosidad incomparable, en los momentos en que pude caminar y recorrer solo, sin la perorata continua de Esteban, tuve la oportunidad de sentir una energía muy especial que emanaba del lugar y pensar en la cantidad de años y de vidas que se dedicaron al servicio de Dios dentro de estos recintos.

Los monjes Cistercienses o “Monjes blancos”, aparte de lo espiritual, se entregaban de lleno a las labores campesinas, tenían de acuerdo a la historia, una capacidad única para mejorar los lugares donde asentaban sus monasterios, brindar trabajo  a los lugareños y repoblar zonas donde, como decía Atahualpa Yupanqui “parece que Dios por allí no paso”

Cuando llegaron los desafueros, la mayoría de estas grandes extensiones de tierra y edificios que poseían los monjes de las diferentes comunidades religiosas, entraron en estado de abandono, al punto que los edificios fueron de a poco siendo desmantelados para hacer otras iglesias o puentes por las autoridades y después por quien quisiera y necesitara materiales para construir. Esto no solo sucedió en España, sino que en casi toda Europa se hizo lo mismo.

Bueno, llego la noche y al volver al albergue, me sentía totalmente cansado pero satisfecho, en la mañana Castrotorafe, en la tarde Monasterio Cisterciense de Granja de Moreruela, en resumen un día genial. Se sale al Camino sin saber lo que le espera y de a poco las cosas se presentan frente a uno, un deleite total.

Mañana temprano, el desvió rumbo al Camino Sanabrés, sobre el cual no he leído casi nada, para que el propio Camino me sorprenda. Lo único que llevo agendado es que los próximos dos o tres días los pasare en el albergue de Tabara, donde tendré el placer de visitar a José Almeida, un hospitalero que se está transformando en un icono del Camino, gracias a su costumbre de brindar acogida tradicional a todos los peregrinos que se acercan a  su puerta. 

Lo vi por primera vez en el albergue de Tosantos, en mi primer Camino y después de haberlo conocido y escuchado, fue cuando empecé a sentir el verdadero espíritu del Camino, por él es que sigo volviendo a calzar las botas cada vez que se termina Agosto.


Después les cuento, los dejo con fotos del Monasterio y también con un link donde pueden leer más sobre la historia del lugar. Sanabrés, acá voy, siempre atacado por mi fiebre de flechas amarillas.

http://www.arteguias.com/monasterio/moreruela.htm





















lunes, 4 de abril de 2016

Los Gallofos o Falsos Peregrinos.

Reproducido por gentileza de Alberto Solana de Quesada

puerta del Hospital del Rey, de Burgos (siglo XVI)          En la Edad Media los peregrinos que emprenden el Camino de Santiago desde sus diferentes lugares de origen pertenecían a todos los grupos sociales: desde monarcas, nobleza, y altas jerarquías de la iglesia como abades y obispos, que peregrinaban sobre fuertes caballos y acompañados de crecidos séquitos; hasta campesinos, canónigos, frailes, artesanos, mendigos y penados, que lo hacía en ambitos más modestos; pero un caso u otro, gentes de todo tipo y condición más allá de su edad, su sexo o condición social.

https://albertosolana.wordpress.com/2016/04/03/24-los-gallofos-o-falsos-peregrinos/

martes, 16 de febrero de 2016

Castrotorafe, unas ruinas llenas de historia. (Aug/29/2015)


A la hora de las sombras largas, ya estaba de vuelta en las cercanías de Montamarta, gracias a que Adrián y Sandra, me devolvieron a la ruta, temprano, como me habían prometido. Como las obras que se están realizando en la ruta, han dejado la parte de los pantanos alrededor del embalse del Ricobayo, casi sin marcas y el lodazal según me decían, esta intransitable, elegí que me dejaran en la punta del puente que cruza sobre el canal, y de ahí comenzar el día. En total creo que le estaba robando unos cinco kilómetros a la ruta, pero como desde ahí se puede ver el pueblo y sus alrededores, no creo que me haya perdido mucho.


Después de despedirme de mis amigos, y sabiendo que iba a ser una etapa más bien corta, me decidí a llegar hasta las ruinas de Castrotorafe y dedicarme a recorrerlo para empaparme un poco de la historia y los lugares del antiguo enclave que se yergue sobre las costas del Esla y que antiguamente contaba con un gran puente de doce arcos que lo conectaba con la otra vera del rio.


Deje la  mochila junto a un miliario, el sol recién se empezaba a calentar y yo con el espíritu lleno de regocijo por restar donde estaba, me dedique a pasear, lentamente y con los ojos bien abiertos. Leí cuanto cartel encontraba, fotografíe todo rincón que me parecía interesante y llego un momento donde estaba tan compenetrado que me parecía oír el bullicio y los movimientos de los antiguos pobladores y de los Caballeros de la Orden de Santiago, que aquí tenían una de sus primeras encomiendas. Lo encontré como un lugar mágico, no sé cuánto tiempo me llevo el recorrerlo todo, estaba ausente de la realidad y gozando de la película que se desarrollaba en mi mente.

Desde 1129, año en que el Rey dio la orden y autorización para construirlo hasta 1493, fue el centro más importante de actividad en la zona, su ubicación estratégica sobre el Esla y la presencia militar de los soldados de Santiago lo hicieron un bastión de poder. Desde ahí se cobraban los impuestos y rentas de la zona y mucho de ese dinero eran dedicados a la mantención y construcción de la Catedral de Zamora, que estando tan cerca absorbía el esfuerzo de la comarca. Además estaba en una encrucijada de caminos que se dirigían a León, Castilla, Galicia y Portugal y por lo tanto fue vital para la zona.

En esos menesteres y recuentos mentales estaba, solo, cuando un grito me vuelve a la realidad, “Buen Camino”, me grita desde el sendero un ciclista peregrino, que sin siquiera disminuir su veloz pedalear, recorria el Camino a su manera. Devolví el saludo, mientras me preguntaba si el ciclista se había dado cuenta de por dónde estaba pasando, o si simplemente su meta era llegar a Santiago lo más rápido posible.

Sentado junto al poste del sendero, todavía pensando en la magnitud del lugar, me comí un bocadillo de cecina que traía desde Genestacio, le di unos besitos al medio litro de tinto y comencé a prepararme física y mentalmente para retomar el andar. El día comenzaba de una forma maravillosa y si por hoy no veía más nada de importancia, daba lo mismo. Las primeras dos horas bastaban para justificar los kilómetros.

De ahí en adelante el paisaje no es muy cambiante, pero para nada desagradable o tedioso, una leve brisa refresca ya seca la traspiración, en un pequeño hilo de agua que encuentro, mojo el sombrero y me refresco el rostro, el sol a esta hora pica fuerte pero no molesta.

Cruzo Fontanillas de Castro, donde en la puerta de un bar, un grupo como de 10 bicigrinos se toman sus refrescos y comentan sobre el camino hasta el pueblo, me imagino que lo hicieron por carretera, porque a mí no me pasaron en el sendero. Nos saludamos y yo sigo, quizás tratando de no contaminarme con ese sentido de prisa que siempre tienen los bicigrinos. Por la mente se me cruza la imagen de mis botas mirándolos con una sonrisa socarrona e invitándolos a hacer el Camino con los pies en la tierra y disfrutándolo como se debe. Pero… ca uno es ca uno y ca cual es ca cual y hace el Camino que siente y quiere.

Llegando a Riego del Camino, en un chiringuito a la vera de la calle principal (carretera), paro a tomarme una coca cola bien fría y descansar un rato, ya que falta poco para llegar al desvió que me llevara al Monasterio de Moreruela, donde me espera otra de las maravillas de esta zona y algo que hace tiempo estoy planeando ir a visitar.

Cuando le comento a la señora que atendía el lugar, cuales eran mis planes, me sugirió que sería mejor si en vez de desviarme hacia el convento, me dirigiera directamente al albergue de Granja de Moreruela, que después de  descargarme de la mochila, ducharme y descansar un poco, llamara a un número que ella me daba. Hay un caballero de la zona que recoge a los peregrinos en su auto y los lleva para una visita guiada del majestuoso monumento, este señor conocedor del lugar y del tema hace esto a diario por tan solo un donativo, me pareció interesante la propuesta, así que sin pausa y sin prisa emprendí camino rumbo a Granja. 

Me ubique en el lugar, llame al guía y ansiosamente espere la hora en que me vinieran a recoger. La jornada se estaba transformando en un día memorable. 




 













domingo, 7 de febrero de 2016

¿Otra vez? Visitas y la panadera. (29/Aug/2015).


Levantarse temprano después del día de ayer, fue difícil, había pasado de todo en lo físico y en lo emocional. Pero eso es el Camino, hay veces que te cubre con una catarata de eventos que hasta pueden llegar a apabullarte. El Camino te dictara los pasos que debes hacer y las decisiones que debes tomar, los planes que uno tenga, muchas veces no tienen nada que ver con el verdadero desarrollo del día.


Pero, no hubo más remedio que levantar las cacharpas y lanzarse a la ruta, fui el último en partir y todavía después, a pesar de que había desayunado en el albergue, me pare en un chiringuito antes de la salida de la ciudad, como para extender mi estadía en la hermosa Zamora. Hasta me pasó por la mente el quedarme otro día para seguir recorriéndola, pero me esperaba el Camino Sanabrés, que desde que planee hacerlo, me lleno de preguntas y curiosidad.


La salida de la ciudad es extremadamente monótona y los primeros 6 o 7 kilómetros de la corta etapa que me espera, no tiene nada de memorable. Después el rumbo se hace pesado, largas rectas por caminos vecinales o senderos casi al borde de la ruta, mucha tierra y guijarros que crujen bajo el peso de la bota. Los pequeños pueblos de La Hiniesta y Róales del pan, rompen un poco la monotonía, pero no mucho.


En los pequeños poblados de España, es común escuchar las bocinas o cláxones de los diferentes proveedores de alimentos que van de pueblo en pueblo ofreciendo sus productos, recorren las pocas callecitas de los poblados, visitando a sus clientes, quienes salen a la puerta a recibirlos y comprar lo necesario. Justo a la salida de La Hiniesta, unos de estos proveedores, se detiene frente a una finca y deposita en una cesta colgada a la entrada, tres hermosas barras de pan. Saludo a la panadera y le pregunto si me podría vender algo, por respuesta, saca de un gran cesto una crocante barra de un pan de color mestizo y aroma de grano entero. Cuando le pregunto qué le debo, me responde “Buen Camino y un abrazo al Santo cuando llegues a Santiago”.

Me alegro el día, un pan no cuesta más que unos centavos de euro, pero la respuesta valió millones, una muestra más de la hospitalidad que se encuentran en los senderos que llevan al Santo y de la gente que uno se encuentra y que nunca deja de sorprender. Ahora con paso alegre el día ya no me parecía perdido, cruce el bordón en la espalda, trabado con el macuto y con el pan en una mano y un pedazo de chorizo, que nunca falta, me fui comiendo sin tener más preocupación que la de saborear el momento.

El paisaje de campos cerealeros, que no cambiaba, me dejo en las puertas de Montamarta, donde en vez de dirigirme al albergue, que se encuentra a la entrada y sobre la carretera, me fui derecho hacia el centro del pueblo donde me habían dicho que encontraría una Iglesia muy linda y una estatua del famoso Zangarrón, un personaje mítico y típico de esta zona. Visite la iglesia, pasee por sus alrededores, admire la estatua y fui al Ayuntamiento a sellar la credencial.


En el bar Marce’s, junto a la iglesia, un cartel anuncia Wi-Fi, la chance de tomarme una caña fría y también de comunicarme unos minutos con el resto del mundo, me tentó, así que me senté bajo una sombrilla de su terraza a descansar un poco y pensar en seguir adelante o buscar un lugar para quedarme aquí, sin prisas, el día todavía es joven y queda mucho por disfrutar.


Apenas conecto el teléfono, recibo un mensaje, ¿estamos en la carretera rumbo a ti, por donde andas?, le conteste donde estaba e inmediatamente me pidieron que no me moviera que en un rato llegaban. Eran Sandra y Adrián, que nuevamente venían, pero esta vez era para llevarme a dormir a Genestacio de la Vega, donde está su casa y es a más de una hora en auto de donde yo estoy. Su pueblo, ya lo he visitado y me tratan como a un hijo adoptivo, los vecinos que me conocen me han tratado de primera y me han hecho sentir como en casa. Además me prometieron que después de cenar una costillitas de cordero a las brasas que Iván prepararía y dormir allí, mañana me dejarían otra vez en este mismo lugar para seguir mi Camino. Así que otra vez los planes cambiaban, pero con gusto me rendí, las horas de ayer no habían alcanzado para el rencuentro.

A la tarde después de una buena ducha y una siestita, sali a visitar algunos amigos, aproveche y a caminar por las callecitas de Genestacio. El sol estaba cayendo cuando comence el retorno, desde la zona de las bodegas. Las luces y las sombras del pueblo, que a esta parece estar abandonado abandonado siempre me fascinan, a la distancia se sienten el alboroto de unas ovejas que bajan del alto y el continuo ladrido de perros, tipico de los campos de estas tierras. Después me senté frente a la iglesia, único lugar donde se puede acceder a internet en todo el pueblo, para comunicarme con mi familia, a la cual ya la estaba echando de menos, especialmente a mi esposa.

Las prometidas costillas que preparo Ivan quedaron deliciosas, unos frejoles cosechados en su propia huerta adornaron una noche de historias, anecdotas y recuerdos. Se hablo mucho del Camino, pero tambien de lo que ellos habian experimentado cuando me visitaron en Toronto. Era ya tarde cuando los chupitos, habian vaciado la verde botella de Rua Vieja y nos fuimos a dormir.

Como ven, una etapa totalmente para el olvido, en cuanto a la geografía, por diferentes motivos se transformó en un día excepcional gracias a la panadera y mis amigos. Todo esto tambien es gran parte del Camino.