Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



martes, 14 de febrero de 2017

Nadie lo sabrá … Autor: Hugo Cabeza.



Nadie sabe que esta noche voy a morir .
Ninguno se imagina , ni tan siquiera remotamente , que ya lo he decidido .
Lo he rumiado despacio , mateando de mañana , o a solas caminando tranquilo por la rambla .
El río me lo ha dicho muchas veces .
Su voz de mil matices , saltando cantarina en los torrentes , golpeando murallones , cayendo sin descanso en las cascadas , horadando las piedras milenarias ...esa voz incesante de las aguas , no tuvo compasión en su diagnóstico :
                    Aquí no hay más nada que hacer , ya está todo el pescado  vendido .
Lo dijo hasta el hartazgo , sin vueltas , irremediablemente .
Y el río , que es porfiado y que habla susurrando , no para de cantar sus verdades como puñales .



Su voz “ discepoliana “ bajó el martillo en forma inapelable .
Algunas veces lo escuchaba clarito , en el agua se camouflaba la voz de Julio Sosa .
Seguro que era él ¡
                    “ Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé ...en el 510 , y en el 2000 también ¡
                    Que siempre ha habido chorros , maquiavelos y estafaos , contentos y amargaos ….
Carajo . Más de una vez me dije , pa´qué mierda lo escucho a este río maltrecho , contaminao y mal , que es sucio y poca cosa , y pa peor , en lugar de milongas , litoraleñas dulces o alegres valsecitos , el tipo se emperró en volverse tango ¡
De ahí no hay quien lo mueva ¡
Y se pasa broncando – puñal abajo ´el poncho – como un tango “ de aquellos “, bien lunfa , bien cabrero , como un malevo en curda peleado con la vida .
Y yo , que la venía llevando , no digo que sobrao ni pa andar canchereando , pero tenía cartas como pa echar el resto . Nunca fui de matarme – claro está – laburando .
Era como cualquiera que la viene remando , sabiendo que es de abajo.
 Sin andar bajo el ala de algún señor con plata ni colgao de un caudillo pa asegurarse un puesto .
Yo , apenas con lo justo ,llegué a tener el techo , y nunca me faltaron ni el beso de verdad , ni el cariño sincero ni en la mesa un puchero decente y bien ganao .
Eso era todo . Total para qué más ?
Pero tuve que entrar en esta estupidez de hacer mis caminatas .
Todo por escuchar – como tenía que ser – a mi buen médico .
- Tenés colesterol , ojo el ácido úrico , es mucho el sobrepeso , mirá que a los cincuenta  blablabla .
Y así empecé a charlar con él . Con el río . Y también por supuesto , los caballos que pastan mansamente en la rambla , como no . Y los pájaros que andan siempre sobrevolando y alegran las mañanas , y el viento que me trae todos los días  mensajes de no sé qué universos sin yo preguntar nada .
Y empecé a conversar – ya casi me olvidaba – con el tipo que llevo parece que hace tiempo, conviviendo conmigo . A este también lo veo en ciertas ocasiones , cuando por las mañanas me miro en el espejo .



Él fue quien sugirió  : - hay que escuchar el río , mirá que sí , el agua dice cosas.  Es cuestión de aprender a decodificar , pero un día entendés y entendés todo , y ahí te cae la ficha , tenés que hacer las cuentas – o mejor dicho te pasan la cuenta – se trata de sumar , restar , y abajo pasar raya . Esto me dijo el tipo .

Entonces caminando por la maldita rambla , de tanto ir hasta el agua y escuchar las cascadas , se me antojó hacer cuentas , y claro , pasar raya , y el saldo fue nefasto : me abrumaron las deudas ¡
Yo sé que ellos respiran y que viven sus vidas . Pero un día fui yo quien se murió para ellos , yo me fui de sus vidas por mi cuenta ... y de un saque ¡
Así sin anestesia me arranqué de mis viejos , de todos mis hermanos , y lo que es mucho peor , me desgajé a mis hijos , me los corté de a uno , como cuando en menguante vas podando las ramas sin dejar una sola ¡
Y el tipo , el viejo loco que vive adentro mío - tal vez desde hace mucho - me preguntó una vez :
Porqué ? Porqué tanto desgarro ?
Y yo le contesté : - No sé ...no sé , no sé …
Tal vez de puro guapo , o de esa cobardía que tantas veces viene copando la parada , me quise convencer de que yo soy todo tango . Y armé “ mi cambalache “ …
Así los fui fichando , los calibré uno a uno , bien identificados , por orden de importancia .
Era cuestión de honor , respetar de algún modo , ciertos escalafones .
Los hipócritas .Los vendedores de salvación , o sea , los intermediarios de Dios . Los chantas fabricantes de ilusiones . Los eternos lactantes del Poder . Los tránsfugas de la sensiblería . Los maestros del verso . Los románticos de la Revolución , tan peligrosos como los traidores de ella . Los burdos consumistas y los burgueses de alma …

Y se fueron cayendo las estrellas , los sueños , de a retazos .
Cuando se cayó Dios , ya nada quedó en pie .
Ahora , solo faltaba un poco de coraje , que a esta altura ya era lo de menos , y conseguir un fierro calibre 32 o algo parecido , metérmelo en la boca , apretar el gatillo y ya está ...todo acabó .
Ahora estoy sentado aquí , charlando con el río , como todos los días , desde que estoy sin trabajo .
Estoy algo cansado , en estos once meses , por cierto he caminado más que en toda mi vida .
Toda mi vida ¡ Me suena familiar esa frase , es el título de un tango , y qué tangazo , como no …
El chumbo está en mi campera , doblada al lado mío . Nunca la traigo , pero hoy tenía que guardar algo pesado . No quiero que me vean …
Ahora que estoy mirando , veo que viene gente . Son apenas las seis , la tarde está bastante gris , hay casi una llovizna . Como es que anda la gente por aquí ? Son tarados , en lugar de quedarse en familia , con los hijos , mirar tranquilos la televisión , hacer sus cosas juntos , no lo puedo entender .
Allí vienen esas tres caminando . Lindo susto se llevan si me ven en el agua boca abajo . Nunca sabrán que estaba hablando con el río jaja.
Una de ellas me grita , me saluda , pero si es ….Dios mío , no ¡
Qué hago , ahora qué hago . Tendré que postergar . Donde escondo el revólver , qué le digo a mi amor , por Dios la quiero tanto , es todo lo que tengo y ...no sé qué estoy haciendo ¡¡¡
Se ríe y les dice algo a las otras . Pero si son mis vecinas , es Carla y la maestra de tercer piso .
Ya está ….lo tiré al agua y no me vieron , tiré el revólver despacio en la corriente , me levanto y saludo , no me vieron , no se imaginan .
 Nunca  sabrán que cierta cobardía estuvo a punto de ganarme un bueno...
Fue mi mujer , ella solita , que echó la falta y resto .
La muerte se fue al mazo con una flor machaza , hija de puta ...me tuvo arrinconao .
Habrá que barajar y dar de nuevo , veremos en la próxima mano .
Ahora con mi mujer nos vamos abrazados, la besé como siempre y suspiramos .
De reojo lo miro , y el río está cantando , mirá vos qué curioso , al fin una canción del Litoral ¡

                    El Uruguay no es un río , es un cielo azul que viaja , pintor de nubes camino , con sabor a mieles ruanas ….Chua chua chua jajaja


Hugo Cabeza es un músico y cantor Floridense, que ademas de cantar tiene muy buen gusto para escribir. Tengo algunos de sus cuentos y con su permiso los voy a presentar aquí en El Corral del Tordillo, un lugar donde se aprecian las letras de nuestra gente.

miércoles, 25 de enero de 2017

EL CUMPLEAÑOS DE JESÚS PELAYO de Mario Delgado Aparaín

(Nota del Tordillo: Esto lo publico el Sr. Hugo Cabeza en su pagina de Facebook y yo me lo traje para aquí)

Con un zapato negro y el otro marrón, la chaqueta de fino cuero noruego remendado en el hombro donde carga la maleta de lona con las botellas de vinos seleccionados, el Conde de Caraguatá, más conocido como don Pedro P. Pereira Pintor de Puerta y Portal por Precio Proporcional para las Personas Pobres del Parque, abandonó el Parque de los Aliados y tras cuarenta minutos de caminata descansada, llegó hasta el final de la calle Cerrito en la Ciudad Vieja, para saludar en su viernes de cumpleaños a un viejo amigo abandonado por la fortuna. Se trataba de don Jesús Pelayo, un marino asturiano a quien, allá por el año dos mil dos, le fue mal en un negocio de contrabando y decidió no trabajar nunca más.

Cuando llegó al lugar, luego de sortear dos pisos desfondados y los escombros de tres paredes derrumbadas, se encontró con que la reunión ya había empezado. En el centro del antiguo patio español, cubierto hasta principios de los años sesenta por una amplia claraboya que ahora daba paso entero a la luz de la luna, un hombre, una mujer y seis gatos barcinos, departían alrededor de un discreto fuego alimentado por las tablas partidas de un cajón de bananas de la firma “Ruiz y Robaina”.
Excepto los seis gatos, que continuaron echados entre los cajones, los dos se pusieron de pie para saludar al Conde de Caraguatá, a quien esperaban no sólo por su siempre disfrutable presencia, sino también por que él, cuando acordaban este tipo de encuentros, se reservaba para sí la difícil misión de traer el vino para la cena.


- Jesús… ¡Qué gusto verte, muchacho, en esta noche de viernes! ¡Qué los cumplas con salud y ni te pregunto cuántos!

El asturiano oriundo de Cangas de Onís, un hombre de respetable estatura y barba rubia e hirsuta al estilo de los astures salvajes del año 716, le dio un formidable apretón de manos, dejó escapar una ronca risa de ron del Caribe y lo invitó a sentarse a su lado.

- Hombre, que toda la Ciudad Vieja ha estado esperando por ti y como te habéis demorado, solo hemos quedado nosotros para recibirte.

El Conde dejó con cuidado la maleta de lona en el suelo y se presentó como gustaba hacerlo siempre: como Pedro P. Pereira Pintor de Puerta y Portal por Precio Proporcional para Personas Pobres.
Cuando llegó a la señora, una mujer de aspecto caucásico, de unos sesenta años y a quien apodaban “La Rusa”, Jesús Pelayo creyó oportuno detenerse en su presentación y le explicó que la flamante amiga se llamaba en realidad Ekaterina Fonamor, que descendía de la mismísima familia del zar Nicolás y que para librarse de persecuciones y pescuezos rebanados, su padre y su abuelo habían vuelto del revés el apellido Romanof y allí estaba, sana y salva en el puerto de Montevideo.

La señora asintió con una sonrisa milenaria, volvió a sentarse sobre un cajón acolchado con una vieja frazada y se dedicó a armar un tabaco “Cerrito”, concentrada en sus pensamientos.
El Conde comprobó que a la luz del fuego, la mujer aún era bella y sospechó una historia entre ella y el asturiano, pero su discreción le impedía abordar esos asuntos, por lo menos enseguida. De modo que tomó asiento y olfateó la olla que reposaba sobre una parrilla de alambre, absolutamente negra por el tizne. Algo que hervía y olía a orégano y tocino en su interior, le llevó a frotarse las manos con satisfacción adelantada.

- Esto me huele muy bien, Jesús… ¿De qué se trata?

- Que te tengo una sorpresa, Pedropé… En realidad, a los dos se las tengo – dijo, girando los ojos desmesurados entre el Conde y “La Rusa” – Que hoy es mi día y en estos tiempos de homenaje a Don Quijote, quiero deciros que cumplo el mismo día que él: un viernes, joder, un viernes…

- Qué boba soy, no me había dado cuenta… – dijo ella, con ironía bonachona.
- Y… ¿Cuál es la sorpresa entonces? – preguntó el Conde.
- Piensa, hombre, piensa… Que no por linyeras debemos privarnos de ciertos gustos – dijo Jesús, a las risas de ron, mirando la olla en la que la tapa corrida un tanto, dejaba escapar chijetes de vapor que sumaban al ambiente aires misteriosos de laurel.

- Me rindo… Me rindo antes que se queme…
- Pues lo digo de memoria: “…Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda…”

El Conde de Caraguatá y Caballero de la Orden de Achar, don Pedro P. Pereira, abrió los brazos con admiración de gloria y los ojos con incredulidad de hambre llana y lisa.

- ¿No me querrás decir que estás cocinando lentejas, muchacho?
- A eso iba cuando te invitaba a pensar. Joder que eres lento, Conde…Pero esto no termina aquí… – dijo en voz más baja, jugando con los silencios del misterio, mientras levantaba la tapa de la olla – A falta de palominos del domingo, he conseguido tres palomas de viernes en la Plaza de Don Mauricio de Zabala, que sin plumas y con ajo, saben igual de sabrosas. Y además, una pata de cordero abandonada por un ingeniero hoy al mediodía en una mesa de “El Palenque”… Para tenerla, hice el sacrificio de esperar cerca de cuarenta minutos, de pie, viendo pasar comida y más comida, hasta que el mismo chez me vino a atender en persona. Y allí he visto que vosotros los uruguayos no sois afectos al ovino. Y el cordero en tiempos de Don Quijote era comida de nobles, pero no la vaca que era de pobres…

El Conde, tocado en el honor, se agachó, revolvió en la maleta de lona y extrajo tres botellas de vino, idénticas y por la mitad.

- Pues creo que estaremos bien acompañados – dijo levantando una de ellas a trasluz del fuego – Aquí tengo un “digestivo” de maravillas… Mmm… Un tintillo Tannat – Merlot, 2002 de la bodega de Fornaro, que agradará a su paladar en particular, señora Ekaterina…
- ¿Por qué le parece eso?
- Bueno, tal vez por las notas de ciruela que tiene y unos magníficos taninos suaves, tersos, redondos, capaces de dejarle en el alma una dulce estela de frutos rojos ya maduros…
- Barbaridad… – dijo ella con más asombro que al principio – Apúrate con ese guiso, Jesús, que no como desde anoche.

El gigantesco astur retiró la olla del fuego y la dejó reposar a su lado para que se enfriase un tanto, pues detestaba las comidas hirvientes. Su barba parecía abrillantada en la penumbra.
El Conde le dedicó una mirada hipnótica a la olla abierta en la que asomaba sobre el caldo la pata de cordero.

- Lentejas… – dijo – Qué fantástico…
- Bueno, en realidad, el noble manchego no debería haber comido jamás lentejas los viernes pues, antiguamente, se creía que las lentejas daban melancolía y que, más temprano que tarde, llevaban a la pérdida de la cordura como le ocurrió de verdad al Ingenioso Hidalgo.
- ¿Cómo sabes todo eso, Jesús? – preguntó “La Rusa”.
- Porque en tiempos de marinero, me leí a bordo a Cervantes de cabo a rabo. Y es que es raro el capítulo del Quijote en que no haya un pasaje referido al comer o a la cocina. Y así tan famosos son los molinos de viento, como las hambres por las que el bueno de Sancho atraviesa por ser fiel escudero de su señor.

Mientras hablaba, Jesús Pelayo iba sirviendo el guiso en tres platos de aluminio abollados, sin cuidarse de chorrear el suelo entre sus pies. El Conde de Caraguatá, mientras tanto, sirvió a cada uno un vaso del Tannat Fornaro que había cargado en la maleta.

- Jamás hubiera imaginado que ese libro diese tanta hambre… – bromeó el Conde.
- Ni que lo digas, Pedropé, ni que lo digas… A poco de empezar a leerlo solo te faltan los olores de sus andanzas, hombre, pues se viene al humo un montón de palabrejas que se te caen las babas de solo pensarlas: perdices escabechadas, hígado de cerdo, morteruelos, gazpachos de pastor, tiznaos, mojetes, arropes, mostillos… Y si quieres más, Pedropé, tienes caldereta de cordero, patatas con conejo, ajoarriero, ajopringue de la Sierra de Alcaraz y aquí me quedo, porque si hablo no como, hombre…

- Que ya es hora de que te des cuenta, charlatán… – dijo “La Rusa”, encorvada sobre el plato.
Y así lo hicieron en silencio durante dos vueltas de guiso de lentejas. Los tres comieron y bebieron a la luz del fuego, mientras los gatos comenzaron a despertar, a estirarse en sí mismos y a esperar por los huesos de las palomas de Don Mauricio de Zabala.
Al fin, el Conde Pedro P. Pereira dejó el plato a un lado y vació el vaso de vino con estudiada lentitud antes de hablar.

- Jesús… ¿De postres ni hablamos, verdad?
- Pues sí, hombre, pues sí… ¿Qué historia contigo? Que tenemos una noche cervantina ¿no? Si mal no recuerdo, leche frita, natillas almendradas, rosquillas, empiñonados, mazapanes y mantecados, son algunos de los dulces que Don Quijote saboreaba. Pues aquí tengo y no me preguntéis de dónde los he conseguido, tres bizcochos borrachos con miel de Canelones a falta de miel de La Alcarria. Uno para cada uno. Muy apreciados por el caballero andante, si señor…

El Conde no salía de su asombro. Degustaba el bizcocho como un niño, se chupaba los dedos y levantaba los ojos al techo donde debió haber estado, en algún tiempo del siglo pasado, una coqueta claraboya de vidrios esmerilados.

Y justo a los postres, por aquel hueco desdentado en las alturas de la Ciudad Vieja, se dejó ver de pronto sobre el caserón, entera, la luna llena.

La rusa Ekaterina, encogida sobre el asiento improvisado y con las rodillas muy juntas, se quedó extasiada mirando hacia arriba como si tuviese frío. Conmovida, sin abandonar la imagen de la luna, lagrimeaba en silencio.

- Vamos… ¿Qué le ocurre a mi amor? – preguntó el gigantesco astur Jesús Pelayo, acercando su cabeza a la de ella.
- No sé, Jesús. No sé qué me pasa… Tal vez ganas de ir juntos a San Petersburgo… Seguro que ese vino me ablandó el corazón…
El Conde de Caraguatá levantó la maleta de lona, metió dentro los envases del vino y dijo que la cena había estado fantástica y que ya era hora de retirarse. Jesús Pelayo cubrió los hombros de Ekaterina con una vieja gabardina y luego acompañó al Conde hasta la calle.
- ¿Crees que el vino le hizo mal, Jesús?
- No es eso, Pedropé… Es la melancolía de las lentejas y no hay caso. Que si abusas, te pasará lo que a Don Quijote, hijo…

El Conde le dio un abrazo de despedida y se echó a andar por la calle Cerrito bajo la luz de la luna. A medida que se alejaba de la Ciudad Vieja, hablaba solo, imaginaba a Jesús Pelayo cobijando a la rusa Ekaterina entre sus brazos de astur salvaje del año 716 y al fin, su propia melancolía se fue disipando hasta desaparecer por completo. Es más, parecía que aquellos taninos del vino, capaces de dejarle en el alma una dulce estela de frutos rojos ya maduros, sobrevivirían el tiempo suficiente como para llegar hasta su refugio en el parque y dormirse en paz, sin pensar en Don Quijote.

Mario Delgado Aparaín

sábado, 14 de enero de 2017

Fantasía de luna.




Y la luna con fuerza, le iba abriendo las puertas a la noche, sutilmente bañaba los campos y los maizales con esa luz de crepúsculo que invita al pensamiento dulce y al romanticismo. Me pare para mirar alrededor, estoy en Florida. Con esa imagen y esa luna, o estoy dentro de una pintura de José Cúneo, o el anda en la vuelta, lleno de colores y pincel en mano. No lo veo pero lo sigo buscando.

Una música cuasi celestial le da el fondo al paisaje. Una brisa suave, como silbando, escribe su partitura sobre el pentagrama que le brindan los alambrados, me recuerda los bandoneones de Ulisito y el Chueco Vaz, los sones rudimentarios de los Fassanaro y hasta la guitarra de Recalde,  un sapo desde un pantano les marca el ritmo como Cono Castro con su bajo.

 Las dos fotos son gentileza de Mabel Facal

A lo lejos los montes comienzan a opacar sus colores con los cambios de luz, los ocres  de “Las Parvas” de Don Juan Curuchet empiezan a apoderarse del paisaje, los verdes fuertes y exagerados me traen a la mente los cuadros de Juanchino.

Colección del Tordillo. "Las Parvas" de Don Juan Curuchet

Yo, me imagino recorriendo al paso ese escenario, sin preocupaciones, con una sonrisa en mi rostro, con muchos años menos, pero como siempre solo, pateando cardos, agachándome para recoger algunos macachines, chiflando a lo perdiz mientras ellas a pocos pasos revolotean desde los pastos.

Voy con las alpargatas embarradas y las bombachas llenas de abrojos, en el bolsillo de atrás me cuelga una honda y la boina la tengo casi caída sobre un lado.

Suena el teléfono y me despierta de la fantasía que unas fotos me habían traído. Me sonrío, disfruto del momento y triste pero contento, vuelvo a la realidad, esas mini vacaciones mentales que me tomo, son las que me mantienen cuerdo.


jueves, 12 de enero de 2017

El hombre y su perro. ( Una historia para Mabel)

"A mi ya me están paspando, van y vienen, pa'rriba... pa'abajo, a pie, en bicicleta, en auto, en cachila, en ómnibus. Bolsos mates, termos, guitarras, sombrillas, canastas, bolsos, sillas y perezosos" 


"Y a vos que te importa?... si nosotros acá venimos para verlos a ellos"

"No, yo vengo para traerte a vos, que si no empiezas a refunfuñar y dar vueltas por el patio hasta que no haya quien te aguante"

" Ahh si, echame las culpas a mi, ayer que llovía, yo quería echar una meadita en el peral y volver a echarme abajo del alero, pero no, a vos se te antojó venir a ver que había dejado la marea en la costa, que esperabas encontrar, las carabelas de Colón?"

" Lo que pasa que te estas volviendo viejo y si no te saco a ejercitar un poco, un dia de estos te tengo que pasear en carretilla"

" Seguro vos sos joven y lindo como la reina del carnaval... andaaaa..."

" Te acordas cuando veníamos con la Vieja"

" Eso era otra cosa, ella hablaba con todos los que pasaban, les decía donde estaba el mejor lugar de la playa, a que hora se ponía el sol y desde donde verlo mejor, asi pasabamos horas de la playa al puente y del puente a la playa, se traía el mate y unos bizcochos para Uds., además siempre tenía algo para que yo también masticara"

" Que pretendes, que ahora tome mate contigo? Ella tenía otra visión de la vida, yo me divertía solo con acompañarla y verla desenvolverse con los forasteros que caían al balneario todos los veranos"

" Si y hablaba hasta con los perros, vos ahora solo hablas conmigo y que no se entere la gente porque van a creer que estas loco. Que lindo seria otra vez venir juntos a ver un ocaso desde lo alto del médano, correr por la orilla y nadar a buscar las pelotas que siempre alguno deja ir al agua, enfilar para los que están jugando a la paleta y a las carreras pasarles entre las patas. Robarse algún refuerzo de mortadela que un distraído dejó al lado del termo, olfatear los baldes de los pescadores, perseguir cangrejos y escarbar buscando almejas... paahh, creo que a esto que estamos pasando ahora le llaman nostalgia."


" Sabes que?  vamos a quedarnos acá quietitos hasta que baje el sol...vas a ver que se nos pasa"

TODAS LAS FOTOS TOMADAS POR Y PUBLICADAS POR CORTESÍA DE MABEL FACAL COSTA AZUL/LA FLORESTA, URUGUAY.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Se congelo el vino en Uruguay

APUNTES DE CATA: AL ESTILO DEL CANADÁ, ARAZÁ ICE WINE

Apuntes de cata: Al estilo del Canadá, Arazá Ice Wine
 Dic 30, 2016
Por Eduardo Lanza*
Bodega: Pizzorno Family Estate
Origen: Ruta 32 Km 23, Canelón Chico, Canelones
Precio: $ 610
Los “ice wine” o vinos del hielo, se elaboran en Canadá, a partir de uvas congeladas. Antes de cosecharlas, se dejaron madurar de más en la vid, perdiendo agua y concentrando sus azúcares. El resultado: unos vinos blancos dulces, de gran concentración y aromas muy especiales.
Allá en el norte se usan variedades como la Riesling o la Chardonnay y vale aclarar, que este método conduce a muy pobres rendimientos, lo cual determina un precio final muy alto para esos vinos.
En este caso, Pizzorno eligió la Sauvignon Blanc por tratarse de una variedad muy aromática y aprovechando el 2011, que fue un año muy seco. Pasada la fecha normal de vendimia, la dejó 30 días más en la planta y luego los racimos fueron a cámara por 3 días, a 15 ªC bajo cero. El prensado de las uvas apenas rindió un 20% de jugo y el vino resultante, reposó un año en barricas de roble francés.
Francisco Pizzorno nos decía: “el nombre lo elegimos por la similitud de aromas con el arazá, que este vino nos regala desde la copa. Es un arbusto silvestre, originario de la región amazónica y nosotros lo tenemos plantado en el jardín de la bodega, por tanto lo conocemos bien”. Muy dulce en boca y también de aromas, por su baja acidez es mejor servirlo frío, para acompañar los turrones, el pan dulce y las frutas secas, típicas de las próximas fiestas. Se envasa en botellas de 500 cc.
sociedad de catadoresEduardo Lanza, Fundador de la Sociedad de Catadores

jueves, 1 de diciembre de 2016

Buen provecho… comiendo el Camino.


Al llegar a Pamplona, después de dejar mis cacharpas en el albergue y una buena ducha, me dirigí hacia la zona de los bares y restaurantes para disfrutar y restaurar mis fuerzas. Un camarero me recibe efusivamente, se le nota la alegría de hacer su trabajo bien. 

“Agur, ongi etorri (hola, bienvenido), me llamo Eneko, siéntate por aquí”

“Hombre, pero que apenas que hablo español y mal” le respondí.”

“No te preocupes que nos vamos a entender” dijo Eneko

“Ahora sí, estoy recién llegado a España, ando de peregrino, pero hoy me voy a llenar la panza como un turista. Hazme el favor de traerme el menú de tapas que pienso romperme la boca.”

“Tendrás que esperar un rato, porque el menú de tapas lo tengo que pedir para que me lo manden de Madrid, pero mientras tanto te puedo servir del hermoso y delicioso menú de “pintxos” que tenemos.” Me respondió sonriente.


Ahí, por supuesto entre preguntas y respuestas, recibí una clase de culinaria de la península y con énfasis en la culinaria vasca. Las famosas tapas españolas te las sirven en casi todo el territorio, pero cuando llegas a tierras vascas, se transforman en pintxos (pinchos).  Tapas generalmente son servidas en un pequeño platillo, pinchos vienen presentados generalmente atravesados con un palillo que lo mantiene unido. Las dos cosas son para el extranjero, casi lo mismo. Una pequeña porción de deliciosos preparados, vistosos, gustosos, sabrosos y que te brindan la oportunidad de probar muchas cosas diferentes mientras lo acompañas con buenos vinos de la zona en que te encuentras o de alguna(s) cerveza(s). Para los uruguayos  es el equivalente a una “picada”, pero más elaborada y compleja.


Las historias de como surgieron las tapas son muchas, la que más me gusta es de que un rey medieval, al parar en una venta (taberna) en épocas de verano intenso, pidió un vaso de vino, como en el lugar había muchas moscas, el tabernero, le cubrió la copa con una loncha de salame casero, para así evitar que los insectos se metieran en el vino. El rey se tomó el vino, se comió el salame y pidió otra copa “con tapa”.

Hoy día las tapas son casi la bandera emblemática de la cocina española. Camarones, jamones, salames, huevos, mollejas, sardinas, pulpos, arroces, garbanzos, orejas de cerdo, pimientos, quesos y un millar más de ingredientes pasaron a ser los instrumentos con que los cocineros se lucen presentando estos productos en diferentes combinaciones.


En algunas zonas simplemente te la sirven gratis cuando pides una bebida, en otras, tienen amplia variedad y tú eliges tu preferida y cuantas quieres. Yo en mis varios viajes por España he comido todo tipo de tapas y pintxos, he probado cosas que nunca pensé que comería, pero como son pequeñas uno prueba.  De alguna de ellas también puedes pedir “raciones o porciones”, que ya pasan a ser parte de una comida más abundante. Todavía estoy por encontrar una tapa que no me guste, no sé si será porque son todas ricas, o simplemente que para mí todo lo que sea comida es bienvenido.

El “salir de tapas” o “a tapear” es una actividad culinaria pero más que nada es social. Ya que la gente la usa como una forma de encontrarse, de recorrer varios bares, bebiendo y probando las diferentes especialidades de los variados lugares.

Yo, desde Pamplona al barrio de Triana en Sevilla, me he comido todo y de todo, lo llamen pintxos o tapas, para mí es lo mismo, el sabor y la presentación es lo que cuenta. También es una actividad muy peligrosa, eso de salir de bar en bar, de copa en copa, de plato en plato se puede extender por horas y después… bueno después les cuento, cuando me acuerde, de una noche solo y en Triana.

Pintxos, tapas, son también cosas del Camino… es una forma de pasarla bien más que una comida, por eso Eneko, gracias por la clase y “Agur”.

  



viernes, 25 de noviembre de 2016

El antes y el después en el mundo del vino.

No hace mucho, la vendimia, uno de los momentos clave para la obtención de un vino de calidad, se realizaba de forma "improvisada", se iniciaba sin ningún tipo de criterio salvo el de alguna festividad local o alguna fecha de tradición familiar. Después la uva, que se aprovechaba toda, se recogía en recipientes de madera, en grandes cantidades, y al llegar a la bodega entraba directamente en las barricas donde se iniciaba la fermentación con todo lo que entraba en la cuba.
La fermentación tenía lugar en tinajas, tinos o barricas de madera vieja con multitud de usos, donde el mosto fermentaba con restos vegetales como el raspón o incluso restos de hojas.
Una vez finalizada la transformación del mosto, el vino final se conservaba en recipientes de diversas capacidades, formas y materiales, en lugares donde humedad, suciedad, polvo y telarañas formaban parte de la decoración habitual.
Desde los conos de madera de Jérez o Cataluña, hasta los grandes tinos subterráneos de roble de Castilla, pasando por las tinajas de barro cocido de La Mancha y posteriormente las cubas de cemento, era habitual encontrarse bodegas poco cuidadas.
En cuanto a la crianza, el criterio seguido para determinar el tiempo de permanencia del vino en guarda (que en la mayor parte de los casos era poco o ninguno, ya que casi todo el vino se consumía en el propio año) era indirectamente proporcional a las ventas que realizaba la bodega, motivo por el cual el vino joven, que en muchos casos se vendían en los propios recipientes de conservación, se criaba, si así era el caso, en la bodega, taberna o lugar de conservación del comprador.
El conocimiento, la tecnología, la apertura comercial hacia nuevos mercados o la competitivad han sido algunos aspectos claves que han propiciado la paulatina transformación de esta manera de proceder en la elaboración del vino. Así, en los últimos 100 años los viticultores y las bodegas se han ido adaptando a los nuevos tiempos, y las técnicas de vinificación han vivido cambios y grandes evoluciones que han beneficiado a los vinos y especialmente a quiénes los consumen. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que en la actualidad se bebe mejor vino que en ningún otro momento de la historia.
Desde Bodegas Amezola de la Mora nos han dado la pautas básicas para conocer como hemos avanzado estos años en relación a la parte más manual de la elaboración de vinos de calidad.
La era actual: La elaboración de vinos de calidad
Después de un estudiado año de trabajo y cuidados en el viñedo, llega uno de los momentos clave al objeto de obtener el vino de la mayor calidad posible: La vendimia.
La vendimia es en la actualidad uno de los momentos con mayor rigor y análisis de la era moderna del vino. El estudio de la acidez, del azúcar y de la madurez del tanino (madurez polifenólica) determinan el momento óptimo de la vendimia, que se realiza con la mayor celeridad posible, en horas frías del día (o de la noche), en recipientes de plástico y en pequeñas cantidades. En algunos casos la vendimia se realiza de forma escalonada y para ciertos vinos además se realiza una selección de uva.
Una vez en bodega, donde la higiene y la limpieza debe ser el ambiente predominante, el mosto resultante tras ser sometido a máquinas despalilladoras y estrujadoras, inicia su fermentación en cubas limpias y convenientemente desinfectadas de acero inoxidable, las más utilizadas para la fermentación de vinos.
No obstante, la madera es el material más empleados, bien por la beneficiosa micro oxigenación, bien por el aporte extra polifenólico para el añejamiento o crianza del vino.
Mientras que hace más de 100 años la crianza era fruto de la necesidad de almacenamiento, guarda y transporte del vino, hoy es en muchos casos una obligación universal y democrática que todo bodeguero debe realizar en al menos alguno de sus vinos, especialmente tintos, si quiere aspirar a competir en el mercado. Pocas son las bodegas que no elaboren algún vino con crianza.
Por otro lado, si hace unas décadas las barricas se reutilizaban una y otra vez, en la actualidad los vinos de calidad requieren del uso de barricas nuevas o de muy poco uso. La procedencia, el tipo de madera, o la edad del árbol son factores también a tener en cuenta en la elaboración de vinos de calidad.
 LA ESTANDARIZACIÓN DE VINOS
Desde que Louis Pasteur explicase por qué se produce la fermentación (antiguamente se pensaba que era cosas de dioses), los productores han iniciado un camino en la búsqueda de vinos de mayor calidad que ha traído aparejado el debate de la estandarización, para unos positiva porque es sinónimo de evolución y calidad, para otros negativa porque supone la pérdida de identidad.
Antiguamente la fermentación era espontánea, el mosto se almacenaba y se transformaba "él sólo" en vino. Las levaduras, responsables de la fermentación eran autóctonas, provenían de las viñas, venían en las pieles de las propias uvas tras ser cosechadas. Sin embargo, en ocasiones las levaduras no eran adecuadas y producían vinos con aromas y sabores desagradables.
Actualmente, los laboratorios seleccionan y cultivan las mejores levaduras, que son después vendidas a las bodegas para añadirlas directamente al mosto. La selección, cultivo y aplicación de las mismas levaduras en la elaboración de los vinos ha propiciado una mejora en la calidad de los vinos actuales, pero también el debate sobre su estandarización en cuanto al sabor, es decir que los vinos de una misma región se parezcan entre sí hasta el punto de ser prácticamente imposible diferenciarlos.
Extraido de: https://www.vinetur.com/201010161255/el-antes-y-el-despues-en-el-mundo-del-vino.html 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Puebla de Sanabria, llena de historia.

Me dolía todo, los 40 kilómetros desde Rionegro del Puente a Puebla de Sanabria, fueron mortales, pero esto ya se los he contado cuando hablaba de Enrique Sánchez, mi gran amigo peregrino, en una de las reseñas previas. Así que les voy a pasar a contar la segunda parte de la visita a esa hermosa zona.


Como el cuerpo venia casi derrotado, me quede dos noches en Puebla de Sanabria, la hospitalera, del Albergue Doña Luz, se dio cuenta enseguida de que había llegado maltrecho, le pedí para quedarme dos noches a efectos de recobrar fuerzas y sanar un poco mis piernas cansadas, sin preguntas, me asigno una habitación donde había dos literas, al frente y junto a la entrada. Para mejor me prometió que solo pondría a alguien más en la habitación, si no tenía más lugares, para que descansara y me repusiera sin molestias.

El encontrar al también maltrecho Enrique en el lugar, nos ayudamos mutuamente a curar nuestras heridas, él más efectivamente que yo, ya que tenía más conocimientos sobre cómo recuperarse pronto y superar los dolores. Su botiquín parecía una sala de emergencia de un hospital de pueblo, no le sobraba nada, pero tampoco le faltaba.

Al llegar al pueblo, agotado y todo, había recorrido un poco, porque era casi inevitable, las vistas del castillo sobre el acantilado eran un imán para los ojos y la curiosidad. Así que a la mañana siguiente, ya con un poco más de fuerzas, al paso y tratando de calentar el cuerpo, me dirigí hacia el enclave histórico que está un poco retirado del albergue, pero que justifica la caminata.

Nuevamente me vi entrando en ese mundo medioeval que tanto me gusta y me intriga. Las típicas calles angostas, esta vez casi todas en subida, te llevan hacia la cima del sitio histórico, que se encuentra coronada por el Castillo de los Condes de Benavente, la hermosa Iglesia de Nuestra Señora del Azogue y la Ermita de San Cayetano. Mientras caminaba, me regocijaba con la cantidad enorme de arreglos florales en los balcones  y puertas de las casas, los frentes blasonados de muchísimas casas majestuosas y antiguas, pero extremadamente bien cuidadas.



Dentro del Castillo de los Condes, un museo detalla la historia de Puebla de Sanabria y de sus alrededores, todo bien presentado  con videos y dioramas que traen al visitante una cantidad enorme de conocimiento. Pero, la visita no es completa, si no se sube a la torre de los homenajes del castillo, a la cual le llaman El Macho, desde la parte más alta, se divisa toda la ciudad y unas vistas panorámicas de toda la campiña. En síntesis un lugar para no perder y muy justificado el que se le haya declarado Conjunto Patrimonial Histórico y Artístico, un lugar que solo se puede describir con fotos, ya que las palabras serán siempre pocas.


Pase horas recorriendo, creo y estoy seguro que por algunos lados, pase varias veces, me senté en la terracita de una pequeña cafetería y me entretuve con el ir y venir de la gente. Esa noche comenzaba una fiesta y la gente no paraba de hacer preparaciones, yo me sentía como que miraba las cosas desde un más allá. Sin prisas me llene de escenas y flores, de ruidos y aromas de fiestas. Considere quedarme hasta la caída del sol para presenciar la fiesta, pero el agotamiento comenzaba otra vez a meterse en mis huesos y si quería seguir mi Camino a la mañana siguiente, tenía que volver a descansar y dejar que mi cuerpo se amoldara a continuar a pesar de los dolores.

Pare en un supermercado y compre algunas cosas para comer esa noche, la cena que compartimos con Enrique, estuvo genial y rigurosamente regada con un tinto espeso y sabroso. Conversamos sobre lo que nos esperaba en la ruta, decidimos que partiríamos juntos y después cada uno a su paso llevaría el día como mejor pudiera.

Después de la cena y todavía vaso de vino en mano, sentado en una silla en el patio trasero del albergue, pude ver los fuegos artificiales, escuchar la música y el jolgorio de la fiesta...


Son cosas del Camino.