Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



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Sunday, March 22, 2020

Camino Portugues 2019. Lisboa/Alpriate. -





Camino Portugues 2019. Lisboa/Alpriate. -


La salida tempranera me lleva nuevamente a recorrer las estrechas calles de el barrio de Alfama, donde en algunos lugares, todavía están limpiando los bares y patios, que, hasta casi la madrugada, fueron regados con llantos de Fados y vinos autóctonos. Todavía quedan algunos rezagados que entre nubes de vapor de alcohol, se dirigen a sus casas, no siempre caminando en línea recta.

Las flechas que me van a sacar de la ciudad no son fáciles de encontrar, pero un peregrino experto se da cuenta que con solo seguir con el Tejo a la derecha y rumbeando al norte, se encontrara con el Parque de las Naciones, un emblemático y moderno desarrollo que se hizo para la Expo 98. Hasta llegar ahí, el camino es todo por ciudad, después de pasar por la estación de trenes, zona residencial e industrial se entremezclan, siempre con calles empedradas y grasosas por el transito de camiones y autos, que durante el día debe ser muy intenso.

Cada tanto desde alguna esquina, miro a mi derecha para ver si diviso donde termina la zona portuaria y comienza el paseo parque a la vera del rio. Se comienzan a ver modernos edificios y estructuras, hoteles, restaurantes y bares aparecen en una zona poblada por hermosos edificios de apartamentos residenciales, muchos de ellos con vistas al rio o a anchos y sombreados bulevares. Fuentes, estatuas y grandes jardines ponen una sonrisa en el rostro del peregrino. Es un placer caminar con este entorno.

Desde una panadería del lugar, el aroma a pan fresco y café, me invitan a sentarme, en una mesa frente a un Boulevard, me deleito con todavía humeante y hojaldrado “pastei de nata” que, regado con un hirviente café con leche, me dieron las fuerzas y la alegría para seguir camino hasta Alpriate.

De golpe, aparece la maravillosa silueta del Ponte Vasco da Gama que con sus casi 13 kilómetros de longitud es el segundo en longitud en toda Europa. Una verdadera joya arquitectónica que se termino de construir a mediados de 1998.

Un poco más adelante ya cambia el paisaje, después de caminar un trecho se vuelve mas descuidado hasta llegar a un sendero junto a un riachuelo (creo que se llamaba Trancao). Atención esta zona es un poco confusa para el peregrino por dos o tres cruces de ruta, puentes y rotondas, pero si prestamos atención se encuentran las flechas que los peregrinos tanto ansiamos. Desde aquí los indicadores tienen dos flechas, una azul que te guían a Fátima y las tradicionales amarillas del Camino de Santiago. Por los próximos 80 o 90 kilómetros ambas nos acompañaran, creo que hasta Santarém o Tomar, ya veremos.

De aquí en adelante, el paisaje se muestra mas bucólico, caminamos por sendas que usan los granjeros de la zona, donde la soledad y el silencio nos ayudan a comenzar a pensar en el largo viaje que nos espera para ir a abrazar al Santo Apóstol.

La llegada a Alpriate se hace muy llevadera, es una etapa de unos 22 kilómetros que te deja en la puerta del muy bien cuidado y atendido Albergue de peregrinos de Alpriate, fundado y regenteado por la Asociación de la Vía Lusitania. Esta noche somos 8 peregrinos los que disfrutamos de las instalaciones y del pequeño y prolijo pueblo. 


Mañana veremos lo que el sendero nos depara, Dios mediante llegare hasta Vila Franca de Xira, siempre siguiendo las flechas amarillas…























Saturday, March 21, 2020

Camino portugués 2019. Lisboa.



Camino portugués 2019. Lisboa.


El 26 de abril del 2019, comienza una nueva aventura, la intención es llegar a Santiago por el Camino Portugués, desde Lisboa, mis 71 años son el reto mas grande que debo enfrentar, lo demás son solo kilómetros y poniendo siempre un pie delante del otro, continuamente y sin apuro, se llega a donde sea, los famosos soldados romanos, ya lo demostraron hace mucho tiempo, así que, adelante con la tarea.
Como es costumbre, nunca reservo donde me voy a quedar esta noche, pero el primer día del viaje, al arribar, siempre lo hago por las dudas. Mi destino una pensión modesta pero supuestamente limpia y prolija, a pocos metros de la Catedral de Lisboa, será mi base por los primeros dos días, porque considero un sacrilegio, el llegar a una de las ciudades mas antiguas de Europa y no recorrerla, aunque sea un poco, para ver sus antiguas maravillas, aclimatarme al lugar y al sonido del idioma, que entiendo bastante pero que no hablo fluidamente.
Maravillosamente sorprendido por la antigua hermosura de esta ciudad junto al rio Tejo, no alcanzaría una resma de papel para describir lo visto y vivido en estos dos primeros días. Antiguas Universidades, los laberintos de la zona de Alfama, donde siempre de fondo se escucha un Fado retumbando en las calles empedradas. El majestuoso Castelo Sao Jorge, todas y cada una de sus impresionantes iglesias, los tranvías que parecen que van a estrellarse en las casas de los vecindarios de calles estrechas, donde los peatones tienen que entrar a los umbrales de las puertas para que puedan pasar.
El olor a pescado y frutos de mar cocinados de cientos de formas diferentes, los vinos que acompañan los almuerzos en forma abundante, escalinatas que te llevan a lugares que no aparecen en los mapas, gente que sin entender mucho lo que preguntas, con una sonrisa adivinan lo que quieres y te señalan el camino. Las panaderías repletas de manjares dulces, salados y los infaltables Pastéis de Nata, algo que es típico de Portugal, muchas veces imitado, pero jamás igualados.
Siguiendo el consejo de otro peregrino que comenzaba el Camino un día antes que yo, lo primero que hice fue visitar la Catedral y desde ahí, salir sin rumbo, sin guías o mapas, comprar un pase para los tranvías y bajar y subir a ellos donde los ojos me dijeran que había algo interesante. Caminar hacia los lugares donde se ve mucha gente o a mi estilo, evitar las muchedumbres y seguir a los locales hacia donde se pierden sus pasos, en recónditos lugares que siempre te sorprenden.
Lisboa es una ciudad que creo merecería una semana entera como turista para tomarle el gusto y quizás conocer un 20% de lo que ofrece, pero yo como peregrino, me tengo que marchar y seguir Camino, la segunda madrugada me encontrara mochila a la espalda, sonrisa en rostro y bordón en mano, siguiendo las flechas amarillas. 
La primera al salir de la Catedral, donde estamparon mi partida, la veo desde la ventana del cuarto de la pension... a por ella.