Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



Friday, February 27, 2009

Historias cortitas/ Pescando los charcos.-




Historias Cortitas

Pescando los charcos


Con el pantalón arremangado mas arriba del tobillo, sandalias de cuero con medias negras y un gorro o gorra echa con un pañuelo con nudos en las cuatro puntas, empieza a caminar y rumbea para la carretera, cruza el charco que es hoy el Tornero, deja a la izquierda el cañadón y los bordes del monte y sigue con paso lento pero determinado, levantando las patas para esquivar cardos o no pisar bostas, llega hasta el puente pequeño que nos es mas que un caño que pasa por abajo del camino. Ahí se para y por primera vez baja la tacuara larga que llevaba apoyada en su hombro, como si fuera la litera de San Cono en día de procesión, mira el agua en el charco grande que se forma en el lado oeste del camino, como con ganas de tomársela con los ojos. Me mira entre pensativo y profesorial y me dice " Acá termina el almacigo que tengo, pa no tener que acarrear el pescado tanto tiempo, o por si mas arriba no hay nada, acá tenemos la reserva". Y como para mi no es la primera vez que escucho el sermón, asiento a ni siquiera mojar el anzuelo y rumbear para el corazón del campo, donde entre quebraditas y cañadones hay unos veinte ojos de agua mirando al cielo, como rezando para que llueva pronto otra vez.

Estos charcos que casi no se ven, a no ser que estés a 15 o 20 metros de ellos, son como un almacigo para mi padre que ha estado pescando tarariras a la toreada por mas de 50 años y todavía no ha cambiado de echadero. Es increíble como para el que conoce, siempre hay rumbo, rió alto o bajo, tiempo seco o inundación, si es campo y rió, mi viejo lo conoce y se mueve casi apretado contra el suelo, como la mulita, "pa no espantar los animales", y pasa de charco a cañada, de monte a yuyal, como si fuera un pedazo mas del lugar. Sin tocar nada, sin cambiar nada, como el picaflor que disfruta del néctar de la flor casi sin tocarla.

Así de charco en charco el recoge su cosecha de bagres y tarariras, pero mas que nada enseña a vivir con y de la tierra hermosa que Dios nos dio.

El Tordillo

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