Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



Wednesday, December 11, 2013

Tosantos y José Almeida... un lugar diferente.


Sentado en una mesa en el jardín del albergue estaba Bob, un veterano irlandés con varios caminos hechos, era la primera vez que lo veía en ruta, me saludó efusivamente y de primera me dijo en un inglés bien áspero, “llegaste a un lugar diferente, espero que lo sepas disfrutar”, sin más siguió bebiendo su café y no me dio lugar ni para preguntarle porque.
Tosantos no es un lugar muy mencionado como fin de etapa en el Camino, a pocos km. de Belorado y a no muchos de Agés, es más bien un lugar para seguir de largo, la iglesia, un bar, el albergue y unas pocas casas son el conjunto del pueblo, lo más notorio es la Ermita de Nuestra Señora de la Peña, que está en una rocosa colina a unos 500 metros del paraje. Pero para Bob era “un lugar diferente”.
En un banco de piedra en la puerta del albergue, un hombre  evidentemente con mucho calor y traspirado, fuma un pucho mientras sostiene un vasito de vino en su diestra.
“Me llamo José, bienvenidos a Tosantos, considérala tu casa, descuelguen las mochilas, siéntense aquí un rato, ya les traigo un vaso de agua fresca o vino si lo prefieren, no hay apuro, lugar hay de sobra y si se termina, igual nos arreglamos”
El recibimiento tan efusivo, nos tomo de sorpresa, me descalce, tome un vaso de vino y me dirigí nuevamente hacia donde  estaba Bob, le pregunte, ¿Por qué diferente?, la respuesta fue rápida y simple, “ya verás”, nuevamente volvió a su café y no me dio más bola.
Después de un rato, entramos a la oficina a registrarnos, José nos explico las reglas del lugar en un tono de cura dando el sermón. “acá son bienvenidos, por favor disfruten su estadía, a las 10 de la noche apagamos las luces, nadie puede o debe levantarse antes de las seis de la mañana, hay que respetar el descanso de los otros peregrinos, además si se van cuando todavía no ha salido el sol, no verán el Camino como debe verse, a las siete de la tarde hacemos una comida comunitaria y al despertarse mañana, encontraran el desayuno pronto, la estadía y la comida es gratis pero se aceptan donaciones"
El lugar totalmente diferente  a todo lo que habíamos visto hasta ahora, un edificio muy antiguo que tenía más parecido a un viejo establo que a un albergue, las grandes vigas de madera totalmente a la vista delataban muchos años de existencia. Nos ofreció llevarnos las mochilas hacia el piso superior donde íbamos a dormir, a pesar de que nos rehusamos, insistió y cargo con la mía. El piso superior era todo un solo espacio donde había unas 15 colchonetas sobre el piso, con Jordi nos miramos sorprendidos pero no dijimos nada, ya estábamos aquí y basta. Yo elegí acostarme junto a la ventana que daba al jardín, mi amigo a unos dos metros y otro peregrino al que yo llamaba Mary Poppins también cerca. En la otra punta del salón, tres italianos completaban los ocupantes. En total en el albergue seriamos unas veinte personas. Los baños eran buenos y bien cuidados, el agua caliente, la cocina y el comedor limpios y ordenados. No faltaba nada, pero tampoco sobraba, totalmente austero pero acogedor.
Mientras unos se quedaron a ayudar a José a preparar la cena, otros caminaron hasta la ermita para visitarla, yo por elección me quede cerca de la paella y el vino, hablando con Jose y otros dos peregrinos que había conocido dos días antes. José me intrigaba y quería saber más de él y del sitio.
Después de comer fuimos invitados a pasar a una pequeña capillita dentro mismo del albergue, para meditar un poco sobre el Camino y el espíritu del Camino, como no era obligatorio, fui con gusto.  José tenía preparadas diferentes hojas en todos los idiomas para que los peregrinos leyeran, además me pidió si podía traducir su charla al inglés, para aquellos que no entendían español. Nos conto sobre el hombre que era responsable del albergue y que ahora andaba de viaje, nos conto un poco de su rol como hospitalero voluntario y cuanto lo disfrutaba. Despues nos hablo sobre el padre del Camino Moderno, Don Elías Valiño Sampedro, creador de las flechas amarillas, que hoy son sinónimo del Camino.      Link  http://www.diocesisdelugo.org/ocebreiro/elias.html
Después de terminada la charla, el, yo y un peregrino más nos sentamos en la cocina a tomar  café y la conversación se extendió hasta que se apagaron las luces. José es autor de varios libros sobre el Camino y sus peregrinos y da gusto conversar con él, su espacio en Facebook tiene muchas historias que el publica. Les recomiendo visitar el sitio. https://www.facebook.com/pages/Santuario/440047589376754?fref=ts
Con las primeras luces de la madrugada, emprendimos camino, en la puerta del albergue nos despidió José, con un abrazo y deseos de “Buen Camino”, bajo la lluvia rumbeamos para el próximo destino, por lo menos yo, me sentía diferente, nos habíamos quedado en un lugar donde tuvimos que dormir en el piso, pero sin embargo me fui con la sensación de que realmente había estado en “un lugar diferente”, donde el camino era realmente un espacio espiritual y no solo un lugar para caminar.
Después les cuento mas de Tosantos y José Almeida, porque a medida que van pasando los días, mas me doy cuenta que el lugar me marco para siempre, hoy se que ahi no llegamos por accidente, estaba predestinado que asi fuera, al partir le prometí a José que volvería y pienso cumplir con esa promesa.
Por ahora, con Jordi y Mary Poppins vamos al paso rumbo a  Agés, porque hasta Santiago no paramos.






Algunas de las fotos no son mías, porque no había recargado el teléfono, así que Gracias a los que se las robé de la internet y también a José Almeida.

Monday, December 9, 2013

Santo Domingo de la Calzada hasta Tosantos.


El encontrar una ermita a la salida del pueblo, todavía a la media luz de la madrugada, me puso de lleno de vuelta en el Camino, cruzamos el hermoso puente sobre el rio Oja y resueltos a llegar hasta el albergue de Belorado le dimos un paso rápido y firme a la travesía.
A poco de partir nos encontramos con un sendero junto a la carretera nacional, un marcador de distancia nos hace sentir bien, faltan solamente 560 km. para llegar a Santiago de Compostela. La distancia ya no nos asusta, los primeros casi 250 km. fueron difíciles, pero el cuerpo y principalmente las piernas, ya están acostumbradas a los largos trechos. Jordi empieza con sus zancadas largas y el repiqueteo de sus bastones se empieza a alejar de a poco, ya no necesitamos ni decir hasta luego, los dos sabemos que de una forma u otra nos vamos a seguir encontrando y que Dios mediante vamos a llegar, eventualmente juntos a Santiago.
Nos volvemos a encontrar más adelante, justo bajo el cartel anunciador de que entrabamos a la provincia de Castilla y León, el se había detenido en una de sus frecuentes paradas de descanso, o de visitas, ya que le gusta conversar con la gente y es común encontrarlo con diferentes grupos o personas con los que se entretiene un rato.
A la mierda… una francesa en bicicleta, con el apuro con que la mayoría de los franceses recorren el Camino, en su afán de llegar rápido y además tratar de ver a la pasada todo lo máximo, se distrajo pedaleando y leyendo el cartel, sin molestarse ni siquiera a aminorar la marcha, en un lugar donde había muchos peregrinos congregados y distraídamente sacando fotos. ¡Al suelo!, el gran arquitecto del universo, había planeado que allí, ella se detuviera… rodo por el camino desparejo de tierra y gravilla, las rodillas y los codos sangraban profusamente, los peregrinos la ayudaron a levantarse, le sentaron en una piedra, la curaron y limpiaron las heridas. Como ya había muchos ayudando, nosotros seguimos camino a nuestro paso, unos 15 minutos después, a toda velocidad y sin tocar ni siquiera timbre para avisar que venía, nos sobrepasa la francesa, toda remendada pero sin aprender nada.
El resto del recorrido del día no tuvo nada de especial, más bien monótono, lo que me llamo la atención fueron las caras dibujadas en los girasoles, donde los peregrinos se detienen y dejan mensajes a otros o simplemente dibujan sonrisas simpáticas. De ahí en adelante seguimos caminando juntos con mi compañero, hasta llegar a Belorado, cruzamos unos cuantos pueblos, todos con su Calle Mayor o única, su Plaza Mayor o única, y más o menos todos iguales. Al punto que varias veces la pregunta cómica del día era… ¿sabes cómo se llama esta calle?
La entrada a Belorado, angosta y bien cuidada, nos encuentra con todavía muchas fuerzas y ganas de caminar un poco más, lo conversamos, Jordi mira la guía en su teléfono y decidimos seguir unos 5 km.  hasta el paraje de Tosantos.
En una panadería compramos una barra grande de pan, chorizo, queso, jamón y por supuesto coca colas frías. Nos dirigimos a la hermosa y arbolada Plaza Mayor, donde habiamos decidido almorzar antes de continuar.
Y ahí naaaa… estábamos placenteramente descansando y comiendo a la sombra, los pueblerinos que pasaban saludaban al pasar y nos deseaban el típico “Buen Camino”, varios niños andaban en sus bicicletas, los bares y cafés de alrededor de la Plaza estaban bien concurridos y reinaba en el ambiente un sentido de paz y tranquilidad. De golpe, un borrachito, en alto estado etílico, o como decimos los Uruguayos, “mamao hasta las patas”, con manchas de vino en su piel y en sus ropas, se nos acerca con una botella de vino todavía sin descorchar, nos pide algo para abrirla y mientras tanto con dificultad da vueltas alrededor del banco donde estamos sentados. Tratamos de ignorarlo mientras otros parroquianos nos hacen seña de que no le demos bola, pero esta tan cargoso que saco mi navaja para destaparle su vino. Mientras descorcho me pregunta de dónde soy, cuando le digo Uruguay fue como si le hubiera mencionado un planeta distante y en otra galaxia, no tenía ni idea. L o gracioso se dio cuando Jordi le dijo que era de Barcelona, el hombre tenía su opinión sobre Cataluña y la expresaba repetitivamente diciendo a gritos… Barcelo  naaaaa, Tarrago naaaaa, Badalo naaaaa, Catalu naaaaa.
Le entregue su botella, la beso como a una novia que hace tiempo no se ve, y siguió dando vueltas a nuestro alrededor hasta que nos fuimos. Riéndonos de lo ocurrido, emprendimos viaje hacia nuestro destino en Tosantos, al salir del pueblo, me acordaba de la “principesa”, Mertxe, que el primer día de Camino, me había dicho que por lo menos quería llegar hasta Belorado.
Los veo después, síganme que hasta Santiago no paro.















 


Friday, December 6, 2013

Santo Domingo de la Calzada.


Baje del ómnibus bajo una lluvia torrencial, el poncho de lluvia, estaba en el fondo de la mochila, me pare bajo el alero de un negocio y me empecé a organizar para abrigarme y buscar el albergue parroquial que estaba como a un kilometro del lugar. El poncho sobre la espalada y la carga me hacía ver muy parecido al Jorobado de Notre Dame, para peor se había levantado viento y volaba para todos lados como los puestos de feria en día de tormenta. También había arribado conmigo un chico llamado Joaquín, que empezaba el Camino en esta ciudad, nos ayudamos mutuamente a protegernos del agua, después lo seguí porque el conocía el sitio, ya todo se me hacía más fácil.

Le envié un mensaje a Jordi para saber si todavía andaba por la zona, cinco minutos después me responde que estaba en un albergue a 100 metros de donde yo pensaba hospedarme. Me despedí de Joaquín y quedamos de vernos en ruta y tomar una caña juntos. Cuando llego al otro albergue estaba completo, así que sin siquiera ver a Jordi, me voy de apuro al otro, donde por suerte puede conseguir cama sin problemas, 20 minutos después de llegar estaba lleno.

Más tarde nos reunimos con mi compañero catalán, recorrimos un poco la ciudad, caminamos contándonos las experiencias de los dos últimos días y cenamos cómodos y tranquilos, los dos contentos de habernos reencontrado. Después de unos vinitos y el postre, me fui a misa, ya que la Iglesia me había encantado y quería disfrutarla un rato más. Al terminar, Jordi me esperaba en la puerta, tomamos un café y seguimos de charla hasta casi la hora de cierre de los albergues, nos fuimos cada uno a su lugar y quedamos en partir a las seis y media de la mañana.

Como quede intrigado con la influencia de Santo Domingo de la Calzada en la zona, sobre todo en lo referente al Camino, a la luz de la linterna, me puse a leer sobre su vida y obra. A continuación copio y pego algo de información extraída de material que vi en la Catedral y también les dejo un link donde pueden leer mas, es realmente interesante.

Copio y pego:

Breve biografía del Santo

Domingo García nació en Viloria de Rioja (Burgos) hacia el año 1019. Decidido a entregar su vida a Dios, quiso ingresar en los monasterios de Valvanera y de San Millán, pero fue rechazado en ambos.

Alrededor del 1040 se retiró como eremita a los bosques que ocupaban el lugar en el que hoy se levanta la ciudad de Santo Domingo de la Calzada, y desde allí observó las dificultades que los peregrinos, rumbo a Compostela, encontraban al atravesar la zona. Trabajó desde entonces para facilitarles el recorrido con la construcción de un puente que permitiera salvar el curso del río Oja, un hospital donde refugiarse, una calzada que uniera Nájera con Redecilla del Camino (Burgos) y una pequeña iglesia. Recibió el apoyo de Alfonso VI de Castilla, a cuya tarea repobladora beneficiaba el burgo derivado de la actuación de Domingo.

A su muerte, el 12 de mayo de 1109, fue enterrado en el camino que había trazado. Sus seguidores mantuvieron el pequeño núcleo de población, que con el tiempo adoptaría su nombre, y continuaron su obra con la creación de una cofradía, la misma que hoy se encarga de preservar el recuerdo del Santo y las tradiciones a él vinculadas y de acoger a los peregrinos en el albergue que atienden. http://www.catedralsantodomingo.es/santo_domingo.html

 
Me dormí con los folletos en la mano, alguien me apago la linterna, ya que debería estar molestando, pero no me despertaron, la mayoría de los peregrinos saben respetar el sueño de los otros. De eso después les cuento mas, porque hay historias muy cómicas que sucedieron en el trayecto.

Les dejo dos o tres fotos y después seguimos en el Camino, ya que yo… hasta Santiago no paro.
 
 


Yo el Puente lo vi de madrugada y mi foto no es tan buena, por eso robo esto de la web.


Sunday, December 1, 2013

Desde el Camino al paraiso terrenal.


De Logroño a Torremontalbo las preguntas y las respuesta que ambos nos hacíamos, iban a ritmo de metralleta, parecía que esos 40 años sin vernos se nos habían atorado en la garganta y ahora salían a las carreras buscando borrar el tiempo.

Estuve de visita con Kitty por unas 36 horas, fueron maravillosas y bien aprovechadas, me conto y le conté un montón de cosas, hablamos de nuestras familias, de los sueños cumplidos y de los abandonados. Nos sentábamos en el jardín de su casa, a la sombra, a tomar vino y conversar, los temas nunca se terminaban porque siempre había otro que saltaba a la palestra a sustituir el anterior.

Horas después de llegar, al rayo del sol me senté al borde de la piscina y a darle a mis cansados pies un buen descanso en el agua fría, el cansancio y el sueno se empezaron a apoderar de mi y dormí una siesta a la sombra de los arboles. El paisaje que me rodeaba era maravilloso, de un lado los viñedos, del otro la antigua casa del feudo y hacia el oriente un anillo de montañas cerraba el horizonte. La propiedad se encuentra en el corazón de la zona vitivinícola de La Rioja, donde el Rio Nájera y el Najerilla se unen en un abrazo que riega la zona y le brinda su microclima tan especial.

Salí a recorrer las viñas y el viejo pueblo, recorrí sus viejos callejones de tierra y me interne por un camino que después supe que se unía al Camino de Santiago en la ciudad de Nájera. De haberlo sabido antes hubiera seguido caminando desde ahí, en vez de haberme tomado el ómnibus para reintegrarme al Camino en Santo domingo de la Calzada.

El aroma de la uva madurando y el verde de las viñas me embriagaban casi de la misma forma que el producto final lo hace. La paz que me rodeaba invitaba a la reflexión y traía recuerdos viejos y nuevos. El Camino que había quedado atrás en Logroño, me llamaba, esa noche antes de dormirme, decidí que a pesar de estar en un lugar hermoso y con la querida compañía de Kitty y su familia, debía partir lo antes possible.

Temprano a la mañana hicimos un largo desayuno, donde nos echamos varias horas de charla, después comenzamos a caminar hacia los edificios de Bodegas Amezola de la Mora, que está a unos 500 o 600 metros de la residencia familiar, en un camino totalmente bordeado de viñedos. Las hijas de Kitty que regentean la operación y el personal estaban todos abocados a sus tareas, falta poco para la vendimia y hay mucho que hacer antes de eso. Nosotros recorrimos las hermosas instalaciones, las bodegas de almacenamiento, la zona de envasado y finalmente, el plato fuerte. Recorrí los túneles donde el vino duerme ese sueño ancestral que le da forma y sabor a su alma bendita.

Las cavas rebosantes de vinos en diferentes estados de fermentación o de crianza, tenían ese olor embriagante de alcoholes antiguos, humedad sagrada y ese toque especial que dan los túneles subterráneos donde no se sabe que se va a encontrar en la próxima curva.

Lo que los antiguos bodegueros llaman “el cementerio”, estaba repleto de vinos de todas las cosechas de la bodega desde su fundación, para mí fue como llegar al paraíso terrenal. El aroma, el ambiente y la compañía de Kitty, que me explicaba paso a paso los dóndes y los porqués, me hacían sentir uno de los hombres más privilegiados del planeta.

Saque muchas fotos, hice un millón de preguntas, conocí a Iñigo, que desde una hermosa pintura, a la entrada de la Bodega, recibía a todos los visitantes, creo que en algún momento, después de ver su figura, sentí su presencia en el lugar.
Cuando volvimos a la casa, encontré que el personal, me había lavado y hasta planchado todas mis cacharpas, con pena le di las gracias, porque sabía que todo iría en un rollo en la mochila, desperdiciando el esfuerzo que habían hecho.
Cenamos, conversamos, tomamos otros vasitos de buen vino de la casa, de a poco una tristeza se empezó a apoderar de mi y creo que de Kitty también, a pesar de que todavía no lo había dicho, los dos sabíamos que yo ya estaba ansioso de seguir. Esa noche dormí como un lirón, pero temprano a la mañana, mi mochila ya estaba pronta para partir, después del desayuno ella me acompaño a la carretera y nos despedimos con un abrazo y un beso. En el aire quedo la invitación de ella y mi deseo de volvernos a ver en Madrid antes de mi retorno a casa.
En ómnibus me dirigí a Santo Domingo de la Calzada, desde donde seguiría mi Camino.
Los invito a mirar las fotos y a seguir conmigo, ya saben que…. Hasta Santiago no paro.