Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



Tuesday, August 17, 2010

Rabindranath Tagore (1861 - 1941).- (click aqui).



El Último Trato
Rabindranath Tagore

Una mañana iba yo por la pedregosa carretera,
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
“¡Me vendo!”, grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:
“Soy poderoso, puedo comprarte.”
Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.

Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo:
“Soy rico, puedo comprarte.”
Una a una ponderó sus monedas.
Pero yo le volví la espalda y me fui.

Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
“Te compro con mi sonrisa.”
Pero su sonrisa palideció y se borró en sus lágrimas.
Y se volvió sola otra vez a la sombra.

El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
“Puedo comprarte con nada.”
Desde que hice este trato jugando,
soy libre.


Monday, August 16, 2010

Isidoro de María (1815-1906)


La vida de Isidoro De Maria fue larga y laboriosa. Los perfiles de esa vida han sido trazados por Juan E. Pivel Devoto en la semblanza que figura en Rasgos biográficos de hombres notables de la República Oriental del Uruguay (Claudio García & Cia., Editores, Montevideo, 1939). Nacido en Montevideo en enero de 1815, Isidoro De Maria murió en la misma ciudad, a los 91 años, el 16 de agosto de 1906.

Isidoro de María: Testigo-cronista del Montevideo Antiguo
por Arturo Sergio Visca.

El cronista de la Patria Vieja.
El interés que despierta la obra de un escritor, y, asimismo, la importancia que lo misma tiene dentro del contexto cultural en que se inscribe, no siempre provienen de sus calidades literarias o de su profundidad conceptual. Son otros los motivos que, en ocasiones, determinan su validez. Esta es, precisamente, la situación en que se ubica la obra de Isidoro De María en el contexto de la cultura uruguaya. Si, con un enfoque indudablemente erróneo, se juzgara su vasta labor de publicista desde una perspectiva rigurosamente critica en lo que se refiere a sus valores científicos y literarios poco serio lo que de ella merecería un juicio abiertamente afirmativo. Su pensamiento historiográfico "no trasciende los alcances de la crónica, ni supera sus limitaciones conceptuales", según afirma Juan Antonio Oddone en su artículo La historiografía uruguaya en el siglo XIX. Apuntes para su estudio (Apartado de La Revista Histórica de la Universidad, Montevideo, 1959); sus cualidades de escritor no alcanzan, en cuanto a creación verbal, un nivel de real jerarquía. Estas observaciones negativas no invalidan, sin embargo, la obra de Isidoro 0e María. Ella mantiene vivo su interés aunque este se sostiene en pilares axiológicos no estrictamente científicos ni literarios. En esa obra, de débil andamiaje conceptual y sin grandes valores literarios, fue adquiriendo expresión, según dice el mismo Oddone en el articulo citado, "un pasado que aún carecía de conciencia de si mismo y no se decidía a integrarse al espíritu colectivo de la nación". Esta inmersión en las raíces de la nacionalidad para darles expresión es el pulso que palpita en la obra de Isidoro De Maria y le da color de vida. El interés de su labor proviene precisamente de la vida que le comunica esa pulsación perceptible a través de la humildad estilística y de la ingenuidad metodológica. Sus páginas irradian el calor de lo auténticamente vivido y que es comunicado por el imperio de una igualmente auténtica necesidad expresiva. Su labor está sentida como un acto de servicio para la nación.

La vida de Isidoro De Maria fue larga y laboriosa. Los perfiles de esa vida han sido trazados por Juan E. Pivel Devoto en la semblanza que figura en Rasgos biográficos de hombres notables de la República Oriental del Uruguay (Claudio García & Cia., Editores, Montevideo, 1939). Nacido en Montevideo en enero de 1815, Isidoro De Maria murió en la misma ciudad, a los 91 años, el 16 de agosto de 1906. Sus padres fueron Juan Maria De María, italiano y artillero al servicio de España, y Maria Luisa Gómez, argentina. Realizó estudios primarios en la Escuela Lancasteriana de su ciudad natal. Completó luego por si mismo su cultura. En 1829 ingresó corno tipógrafo en la Imprenta del Estado. Vinculado desde entonces con los hombres de letras del país, inició, apenas adolescente, su actividad periodística, que lo llevó, años más tarde a fundar El Constitucional, que apareció entre 1838 y 1846. Fue Vice Cónsul del Uruguay en Gualeguaychú (República Argentina). De regreso al Uruguay, se dedicó a las actividades pedagógicas -fue miembro de la Comisión de Instrucción Primaria del Departamento de Montevideo y del Instituto de Instrucción Pública- acerca de las cuales escribe Juan E. Pivel Devoto: "La escuela de la época, en vísperas casi de la reforma de Varela, le debe algunos de sus más grandes adelantos: cursos nocturnos para adultos, escuela graduada, educación de la mujer, etc." También actuó en política: fue diputado por Soriano y Vice Presidente de la Cámara de Representantes. Pero desde 1878, en que fundó La Revista del Plata, dedicada enteramente a temas de historia del Uruguay, abandonó la actividad pedagógica, la política y el periodismo de combate para dedicarse en forma casi exclusiva a la investigación histórica, publicando entre 1880 y 1890 sus trabajos más completos, entre ellos los Rasgos biográficos citados y los tres primeros tomos de Tradiciones y recuerdos. Montevideo antiguo y la sexta edición de su Compendio de la historia de la República Oriental del Uruguay. Los últimos años de su vida los dedicó, entre otras tareas, a la ordenación, clasificación y restauración de documentos históricos, en su calidad de Director del Archivo Nacional. Los frutos de esta larga vida laboriosa han sido así juzgados por Pivel Devoto: "Sus obras, que llenarían más de treinta volúmenes, escritas en forma sencilla, tienen ya el valor de las obras clásicas. La crítica histórica a la luz de nuevos métodos podrá formular a sus libros muchos reparos; pero lo indudable es que la consulta de ellos se hace imprescindible a todo aquel que estudie nuestro pasado. Porque De María trabajó sus obras no sólo con el elemento tradicional y los recuerdos, sino que dio a conocer centenares de documentos, muchos de ellos procedentes de sus colecciones particulares hoy dispersas" y concluye afirmando que Isidoro De María "murió rodeado de la respetuosa consideración de todos sus conciudadanos que veían en aquel anciano venerable al cronista de la patria vieja y al representante más auténtico de sus tradiciones."

Un testigo memorioso

De todas las obras publicadas por este hombre modesto y laborioso es, sin duda, Tradiciones y recuerdos. Montevideo antiguo la que mejor lo representa y la que tiene más atractivos para el lector no especializado. Pero es no sólo la obra más representativa de su autor sino también uno de los más vivaces testimonios sobre el pasado de nuestra ciudad. Las páginas del libro nacen de una actitud nostalgiosa, de un claro amor por un pasado fugitivo cuyo recuerdo se quiere hacer perdurable. Testigo durante casi un siglo de las transformaciones sufridas por su ciudad natal, lleno de "recuerdos que no han borrado de la imaginación los años", De Maria espigó, según sus propias palabras, en las cosas viejos de nuestra tierra, "para que no se pierdan y vivan en la memoria de los presentes y las conozcan los que vengan atrás." Guiado por este deseo, sostenido por su sereno aunque fervoroso amor por las tradiciones del país, De Maria fue hilvanando sus crónicas sin someterse a un plan rígido. Ellas surgieron y se organizaron de acuerdo a las espontáneas solicitaciones del recuerdo y la nostalgia. El resultado es sorprendentemente atractivo: el total de esas crónicas -algunas muy breves, casi meros apuntes de unas pocas líneas- componen cabalmente la atmósfera del Montevideo antiguo, de lo que la ciudad fue desde su iniciación colonial hasta 1830. Las cuatro últimas crónicas del libro cuarto (La Jura de la Constitución, El mobiliario de la Sala de Representantes en la Jura de la Constitución, El uniforme del Ejército y La visita de la plaza en la Jura y los abanicos) están destinadas, precisamente, a rememorar este solemne acontecimiento que el autor presenció cuando tenía 15 años y que recuerda cuando era ya octogenario. Esas, cuatro crónicas, donde destella, por momentos, la luz de una conmovido memoria personal, cierran la obra, cuyo conjunto se desgrana en múltiples temas. El autor recuerda edificios y lugares: la Matriz, los Bóvedas, el Fuerte, la Ciudadela, la Esquina Redonda; describe usos y costumbres: entierros, casamientos, ceremonias religiosas; revive tipos populares: el aguatero, el sereno, el pulpero, la lavandera; narra sucesos: los funerales de Blas Basualdo, la visita a Montevideo del canónigo Mastai Ferreti, futuro Pío Nono; retrata humildes personajes históricos, Pepe Onza, Calderilla, Victoria la cantora, el Licenciado Molina, doña Mercedes, la de los ombúes. Todo este material tan variado, pintoresco y sugerente es ofrecido con trazos rápidos, a veces esquemáticos, como si el autor solicitara lo colaboración del lector y lo indujera al ejercicio de la imaginación. El libro de Isidoro De María incita a descubrir tras el Montevideo de hoy el Montevideo de ayer. Incita, es posible decirlo así, a esa forma particular de la nostalgia que es la nostalgia de lo no vivido.

En su mayor parte, los crónicas de Montevideo antiguo rememoran y hacen revivir cosas humildes, a las que no se les despoja de su originaria y o veces risueña humildad. En esta fidelidad constante al ser originario de las personas y cosas con las cuales trabaja, en ese no deformarlas ni siquiera para embellecerlas, reside precisamente la mayor virtud de las crónicas de Isidoro De Maria. No desarrolla una anécdota ni ahonda los rasgos de un personaje ni siquiera cuando ellos ofrecen elementos propicios para ser novelados. Tampoco hay en sus páginas hallazgos estilísticos. En otro escritor, estos rasgos podrían ser una limitación y un defecto. En Isidoro De Maria, no. Es de ese modo fiel a su naturaleza. No fue ni un imaginativo ni un estilista y no pretendió serlo. Sólo fue, y se atuvo a ello, un cronista amable que supo desaparecer detrás de los objetos de su amor (y si en algo aparece el autor en Montevideo antiguo es sólo como legitimo consecuencia de que él mismo fue parte de ese Montevideo del cual quiso ser y fue el cronista). Y por lo mismo, la nitidez de visión y la fuerza comunicativa de sus crónicas nacen sustancialmente de la limpidez de alma de su autor y de su entrañable consustanciación la materia con la que trabajó. Es ella la que determina el dibujo de sus crónicas. El autor es sólo el portavoz de esa materia a la que obedece dócilmente. El triunfo de Isidoro De Maria es el triunfo de lo humildad. Lo auténtico de sus páginas es el resultado de la posesión de virtudes morales y no del manejo de grandes cualidades literarias. Conviene recordar esto para que todo cotejo entre Isidoro De Maria y su indudable inspirador Ricardo Palma se haga con la conciencia de que las cualidades de ambos, y sus valores, por consiguiente, son de diferente naturaleza. Ricardo Palma, sagaz literato y brillante hombre de letras, contorsiona la materia tradicional, la enriquece imaginativamente y la somete a sus intenciones estéticas, mientras que Isidoro De Maria, despojado de grandes ambiciones en cuanto a creación literaria, se ciñe a la realidad y deja que ella, ofrezca por si misma sus pequeños pero muchas veces encantadores destellos Ambos autores parten de una intención igual: revalidar y hacer amor el pasado. Pero lo hacen de distinto manera y llegan a diferentes resultados. Conviene buscar en cada uno de ellos solamente lo que cada uno ofrece. Coda cual ha creado su propio mundo, sujeto a sus propias leyes. Un cotejo de los Tradiciones peruanas, de Ricardo Palmo, y el Montevideo antiguo, de Isidoro De María, solo puede ser válido si se tiene en cuenta, lúcidamente, sus radicales diferencias. Sólo de este modo ese cotejo enriquecerá la comprensión de ambos obras.

Lo lejano es lo íntimo

Un ser humano que no recordara su infancia seria un ser sin efectivas raíces vitales. De igual modo, una colectividad que no sepa su pasado es una colectividad carente de raíces. Rescatar esas raíces para los montevideanos es lo que se propuso y logró Isidoro De María en su Montevideo antiguo que es, se puede decir así, una especie de memoria colectiva a través de la cual un pasado -el de una ciudad- se expresa y se preserva. Alguien ha dicho que lo lejano es lo intimo, y en esta lejanía temporal que las crónicas de Montevideo antiguo recogen, el lector de hoy encuentra una intimidad que no le es ajeno: la intimidad de su pasado no individual sino colectivo. Es esa intimidad la que crea la atmósfera poética que irradia esta obra que, en modo alguno, se propuso ser poesía. Porque esa poesía no fue puesta por Isidoro De Maria en sus crónicas sino que proviene naturalmente del tema de las mismas, es la poesía que, para quien no carezca de sensibilidad histórica, se encuentra siempre en la rememoración del pasado individual o colectivo y es, aunque parezca paradójico, ese sentimiento del pasado, que espontáneamente se transfigura en sentimiento poético, lo que hace que estas páginas irradien un sabor de inmarcesible frescura y juventud. En las páginas de Montevideo antiguo lo que fue se hace presencia vivo o presente permanente. Leer las crónicas de Isidoro De Maria, a quien sus contemporáneos vieron, en sus últimos años, como una encarnación viviente del pasado, es reencontrarnos a nosotros mismos en nuestros antepasados.
Arturo Sergio Visca



Mastai Ferreti y el Quita Calzones 1824

por Isidoro de María


Empezaba el año 24 cuando arribó a este puerto, el 1° de enero, el bergantín francés Heloisa, a cuyo bordo venía el canónigo Mastai Ferreti acompañando al Arzobispo Muzzi, Nuncio de su Santidad, en misión apostólica cerca del Gobierno de Chile.

Una tempestad deshecha había rechazado la nave conductora, de las costas de Maldonado, consiguiendo a duras penas ganar el puerto de Montevideo, de donde siguió viaje a Buenos Aires. De allí partió la misión por tierra para Chile, no sin percances, en cuya travesía las vichucas de San Luis diéronle, según la tradición, un mal rato a Mastai Ferreti, en el rancho en que se alojó, obligándolo a pasar la noche al raso, tendido sobre un cañizo, soportando la lluvia.

Hasta octubre de ese año, permaneció la misión en Chile, regresando por agua al Río de la Plata, para volver a Europa.

Al expirar el año, llegó la nave al puerto de Montevideo, desembarcando Monseñor Muzzi y sus acompañantes, de los que hacía parte el conde Mastai Ferreti. Gran novedad para las devotas y cumplida recepción de los viajeros por el Barón de la Laguna y el cura Vicario Larrañaga, que hospeda al Arzobispo en su casa, y don Manuel Jiménez en la suya al canónigo Ferreti.

No estaba en los libros de la de San Felipe y Santiago que hospedaba en su seno al futuro Papa Pío Nono, en el canónigo Ferreti, como no lo estuvo al contar de tránsito en él a don Baldomero Espartero, después de Ayacucho, que sería más tarde el duque de la Victoria en España, y la primer figura en el célebre convenio de Vergara.

Muy luego el Arzobispo Muzzi administró el sacramento de la confirmación en la Matriz, acompañado del canónigo Ferreti. Durante su estadía el Arzobispo celebraba misa en el Altar Mayor, y el canónigo en el del Rosario. Ya podrá figurarse el lector con qué gusto no asistirían las devotas a oír misa de aquellas dignidades.

Un día, no sabemos si siguiendo las aguas de los miembros cesantes del Consulado, que lo habían celebrado con una comilona en el Miguelete, en que fueron piernas muy alegremente Carreras, La Mar, Vilardebó, Pérez, Parías, Camuso, Cortinas, Susviela, Martínez y Souza Viana, ocurrióles a otros de buen humor, convidar a los viajeros a una fiesta campestre en la quinta de Juanicó, que aceptaron los distinguidos huéspedes con sumo agrado.

Todo se había preparado allí para obsequiarlos espléndidamente, y en el día convenido, invitados e invitantes se ponen en camino para la quinta. Pero, ¿quién había de decirles a los viajeros que un pícaro arroyuelo llamado Quita Calzones, les jugaría una trastada? Pues así, como suena. Al pasarlo, se empantana el birlocho en que iba Mastai Ferreti, costando un triunfo sacarlo del atolladero.

Era una nueva aventura por que pasaba por estas tierras Mastai Ferreti, que no olvidaba la de las vinchucas, ni la de la maniobra de marinería en el Cabo de San Antonio, en que había tomado parte bajo un temporal, por el número uno. Sin inmutarse el buen canónigo, sonreíase del percance, preguntando cómo llamaban a aquel arroyo. Quita Calzones, señor, le dicen. Pues hombre, responde muy jovial, lo que son los nuestros no nos los ha quitado, y tomó nota del nombre para su cartera de viaje.

Con retardo llegaron a la quinta, donde el percance ocurrido en Quita Calzones fue el tema obligado de la conversación y de la broma, no faltando alguno que dijera: "Vaya, sin ese incidente, no habría conocido prácticamente el canónigo, las chanzas del Quita Calzones".

Varias personas de distinción y parte del clero habían sido invitadas para la fiesta; y para amenizarla fueron convidados también algunos artistas líricos, entre ellos el célebre Vacanni.

Mesa espléndida. Banquete en regla. El Nuncio tomó asiento a la cabecera, y el canónigo Mastai Ferreti fue colocado entre una prima donna italiana y una bailarina francesa, que juntamente con un tenor milanés, hacían parte de los convidados.

"La cantatriz y la bailarina (esto va por cuenta y riesgo del Padre Sallusti, cronista de la fiesta, según el general Mitre) unían a su brío y vivacidad natural, una belleza afectada, con traje elegante y un fantástico tocado dispuesto con caprichosa maestría.

"A los postres se cantaron las más bellas composiciones de Rossini, terminando con el di tanti palpiti, di tanti pene, ejecutado por la prima donna y el tenor, que fueron muy aplaudidos, incluso por un fraile español que hacía de bajo.

"Los viajeros creyeron ver en esta fiesta una escena premeditada para comprometer su carácter sacerdotal; pero hombre social y de carácter ameno, el canónigo Mastai Ferreti, no lo tomó a mal".

Al regreso a la ciudad, antes que se cerrasen los portones, decíanle en tono de broma al canónigo, los que tenían confianza con él, "cuidado con el Quita Calzones; con la segunda edición de esta mañana".

No hay cuidado, contestaba Mastai, el cochero ya es baqueano, como dicen por estas tierras, y no caeremos en la trampa; pero por sí o por no, vayan otros adelante.

Y los vehículos se pusieron en marcha para la ciudad, llegando salvos de otro Quita Calzones, pero con el cuento del pasaje del canónigo Ferreti, que fue el platillo por muchos días, saliendo a relucir cada vez que se hablaba de paseo por aquellos contornos.

El canónigo Mastai Ferreti, a las vueltas en Quita Calzones, sería cosa de verse. ¡Y lo que son las cosas de este mundo! Pues era el predestinado para ocupar 20 años después la Silla de San Pedro en Roma, con el nombre de Pío Nono, viniendo a ser el primero y único de los Papas que antes de ascender al Pontificado, pisó este suelo, admiró su espléndida naturaleza, y aspiró las auras embalsamadas del Miguelete, recordando siempre el percance de Quita Calzones.


Isidoro de María
de "Montevideo Antiguo" - Libro segundo

Thursday, August 12, 2010

Los tres gauchos orientales.- (click aqui).


Los tres gauchos orientales
Coloquio entre los paisanos Julián Giménez, Mauricio Baliente y José Centurión sobre la Revolución Oriental en circunstancias del desarme y pago del ejército, escrito por Don Antonio D. Lussich


JULIÁN GIMÉNEZ


¡Dios lo guarde! Ha madrugao
esta mañana aparcero,
ya tiene al juego un puchero
¡y un churrasquito ensartao!


MAURICIO BALIENTE


Don Julián, ¿cómo le va,
de su cuerpo contra el suelo,
agarró el pájaro al vuelo
¿qué anda haciendo por acá?


JULIÁN GIMÉNEZ


A visitarlo venía
pues nos van a licenciar,
y no me quiero marchar
sin que hablemos este día.
¿Y usté cordial no Baliente,
pero siempre muy prolijo,
¿a que tiene ya de fijo
también el agua caliente?

Continua... click en el titulo para la version completa.

Tuesday, August 10, 2010




Consulado General del Uruguay
Toronto, Canadá


COMUNICADO DE PRENSA


Toronto, 29.julio.2010

El próximo día 25 de agosto del corriente año se cumple el 185º Aniversario de la Declaratoria de la Independencia de la República Oriental del Uruguay.

Para festejar la fecha patria nacional, el día 21 de agosto la comunidad uruguaya realizará una reunión en la cual, además de llevarse a cabo los actos formales correspondientes, se disfrutará de una muy atractiva serie de expresiones artísticas.

La reunión es organizada por este Consulado General, el Consejo Consultivo de Toronto, el Club Uruguay Toronto, el Comité de Solidaridad Mano con Mano Toronto y el Grupo Solidario Ibiray. Ese trabajo conjunto y coordinado asegurará, al igual que en ocasiones anteriores, una magnífica velada.

El evento, con entrada libre, se desarrollará en el Local Union 183 de la Avda. Wilson 1263, cuyas puertas se abrirán a las 18.00 hs. El programa previsto dará comienzo a las 19.00 hs. y culminará con baile.

El Consulado General del Uruguay convoca a todos los uruguayos, hermanos latinoamericanos y demás amigos, así como a todos los medios de comunicación a hacerse presentes en la celebración y disfrutar una estupenda jornada.

Se adjunta afiche que se ha publicado para promover el evento.

Monday, August 9, 2010

Matrero.-


MATRERO (Tacuruses)
Serafin J. Garcia

Resueyo del monte cuajao en coraje.
Altivo aletaso de la libertá.
Cerno endurecido de macheses gauchas
que sólo la muerte consiguió ablandar.

Corasón caliente de los campos potros
latiendo en la entraña de la soledá.
Tutano'e los cerros filosos y ariscos.
Colmiyo'e la sierra. Facón del pajal.

Tropero de sombras, domador de rumbos,
patrón de horisontes baquiano y audás,
tu vida jué un libre volido de toldo
surciendo distancias,sin nunc'anidar.

Tuviste por cama los pastos del monte.
Por techo, el ramaje del coroniyal.
Jué arruyo'e tus sueños el canto'e los ríos
y el silbo'e los vientos entre'l flechiyal.

Dos gauchos con alas rondaron tus noches:
el tero alarife y el libre chajá.
Y en los recovecos de tus madrigueras
sus trampas d'espinas armó el ñapindá.

Y cuando crusaste, tajiando la noche,
s'hinchó el campo'e lomas pa verte pasar;
chistó la lechusa, cayaron los tigres,
y los cimarrones dejaron de auyar.

Pa vos lució el alba sus pilchas rosadas;
pa vos abrió flores punsó el sucará;
por vos munchas noches la luna, mimosa,
en l'anca'e tu flete se vino a sentar.

Y juiste la estampa más gaucha y airosa
qu'en sueños las chinas miraron pasar,
prendido a los flecos del poncho el misterio¡
y al cinto el rumbero de la libertá!

Matrero. Acrilico sobre tela realizado por Pedro Pont Vergés artista correntino contemporaneo.

Friday, August 6, 2010

¿Me empriesta el cuchillo?/ Historias Cortitas.-

¿Me empriesta el cuchillo?

Eran los primeros días de abril de 1831 cuando Fructuoso Rivera haciendo uso de la confianza que los charrúas le tenían, ya que habían peleado juntos contra las diferentes invasiones a la Banda Oriental, los convoca a todos con sus guerreros y familias.

De apoco fueron llegando al rincón del Salsipuedes, Venado, Polidoro, Juan Pedro, Rondeau, Brown y varios otros caciques y caciquillos.

“Nos tienen que ayudar a cuidar las fronteras, no sea que los bayanos se nos ganen otra vez tierra adentro”, les dijo Rivera.

Los caciques no dudaron de las buenas intenciones del hombre al que llamaban Don Frutos, después del trato, los invitaron a festejar con licor y varios animales carneados para la ocasión. Los charrúas formaban un grupo de unas 400 almas, los soldados que acompañaban a Rivera rondaban por los 1200.

Cuando los ánimos estaban tranquilos y los indígenas disfrutaban más del agasajo, Don Frutos le dijo a Venado...

“¿Me empriesta el cuchillo?, pa’picar tabaco”

El momento de la entrega del cuchillo era la señal para que el ejército traidor tocara a la carga y a degüello. Venado cayó al piso después del disparo a quemarropa que le dio Frutos, el zafarrancho acabo con unos cuarenta charrúas muertos y más de trescientos prisioneros o heridos.

La gran traición ya se había llevado a cabo, pero algunos como Bernabé Rivera, se empecinaron a eliminarlos en su totalidad y se dedico a perseguir incansablemente a los que lograron escapar de la emboscada.

En Agosto, el Rio Arapey y el Mataojo también se tiñeron de sangre charrúa, después de degollar a los caciques Juan Pedro y Adivino, el campo mostraba los cuerpos de unos veinte charrúas muertos y más de ochenta heridos o prisioneros. Polidoro era el único cacique importante que todavía seguía en pie, pero Bernabé quería degollarlo como a todos los otros “infieles”.

Por mediados de Junio de 1832, allá por la hondonada de Yacare-Cururu el cuerpo de Bernabé Rivera y diez o doce de sus soldados, yacían inertes a los pies de un joven guerrero charrúa, el atardecer ya empezaba a abrirle las puertas a la noche, todavía en el aire estaba el olor áspero de la pólvora, varios hombres y caballos heridos se revolcaban en los alrededores.

El joven charrúa que había perdido su daga en la batalla recién terminada, con su lanza en la mano, todavía ensangrentada, le pregunta al gran cacique Polidoro…

¿Me empriesta el cuchillo pa’degollar milico?

El cacique solemnemente le responde…

“Nunca más un charrúa soltara su cuchillo, no antes de morir apretando la empuñadura, deje nomas que los heridos se vayan… ya ha habido suficientes degüellos…"

El Tordillo

Thursday, August 5, 2010

La creciente.-


LA CRECIENTE .-Un cuento de ANTONIO VEGA (hijo)

Ya de tardecita los pájaros andaban asustados cortando en rápidos vuelos una brisa fría y gris.
Los biguás volaban bajo huyendo de la tormenta. El Uruguay iba hinchando el lomo terroso, mugidor, arrastrando camalotes enredados en raíces secas hasta formar islotes a la deriva.
Algún que otro tronco rememorando antiguas piraguas hundía la punta entre una coronita de espumas y salía chorreando agua turbia como un hocico de yacaré. Desde las costas de Camacho, empinándose en el antiguo fortín que deba amparo al resguardo, el espectáculo era magnifico.
El cauce común anchándose tocaba las barrancas, chicoteando el agua contra grandes bloques de piedra y retorcidos árboles que parecían asomarse ebrios a la correntada. En frente, la isla Juncal se iba quedando más chica.
Hacía años que habitaba la isla un matrimonio. Ella, varonil, haciendo pata ancha al sufrimiento y al trabajo, Doña Primitiva; y él, seco, musculoso, tostado, canoso, se llamaba Martin; y entre los dos, tres gurises isleños, nacidos en la Juncal, único continente para sus indígenas.
Se dedicaban a la caza, a la pesca, y al cuidado de los árboles frutales, cosechando naranjas, toronjas, limones y otras frutas que daban fácil en la tierra fresca alimentada de limo.
Los altos juncos que bordeaban la isla asomaban las puntas en un balanceo como espinas inquietas, incapaces de proteger le tierra.
Pesadas nubes venían desde el norte a galope, con chubascos que se fueron afirmando hasta nacer una lluvia pareja, como si estuvieran baleando el rio. Apenas si quedaba luz del día.
—Apuren muchachos, Y Doña. Primitiva, con la pollera y los brazos arremangados tapándose con una mantita, animaba a los hijos, empapados, a llevar todo lo que podían para la casa.
El embarcadero había desaparecido totalmente, y en su lugar se veía un remolino negro ya, hundiendo hojas y basura. Martín había cruzado hasta Carmelo. Era difícil esperarlo.
—Tenemos que arremediamos. Total, si fuera la primera vea. — Comentaba doña Primitiva. — Pero este loco — y señalaba el río estirando la boca. — cuando le da la biaraza de desbocarse, no hay quien lo aguante.
Los muchachos todavía metían hombros al aguacero y con los pelos pegados a la cara tiraban del bote hasta amarrarlo a un poste cerca de la vivienda. La mujer consideró necesario guarecerse bajo techo a la espera de las circunstancias.
Entró con sus hijos a la casa de madera, pobre de muebles, y encendió el farol. Se asomó por una de las ventanas alumbrando. Daba a un corral casero. Las aves se apretaban en los palos, o se cobijaban en un rincón contra el viento y la lluvia que se intensificaban.
Pasaron algunas horas, perdidas las esperanzas de que el hombre pudiera allegarse a la isla, cada vez más cercada y barrida por la correntada. Los árboles azotados por el viento producían un confuso murmullo, que se unía al resollar del agua, en tal forma, que una voz se hubiera perdido a poca distancia.
—Mama, mire. — Y uno de los muchachos señalaba la abertura inferior de la puerta. — Mire, ya dentra.
La madre miró inquieta al agua que venía lamiéndole los pies. Los muchachos inconscientes y noveleros casi estaban por reírse.
—A ver, levanten las cosas arriba 'e las camas y la mesa. No es pa’reirse, que digamos.
Se activaron. Dentro de la habitación el agua se movía mansita, estirándose poquito a poco para ganar altura. Faltaba poco para mojar los colchones. A la mujer le costaba decidirse a lo que consideraba el último recurso. El agua seguía subiendo tranquila, pero tenaz.
— ¿Y aura? Con los brazos cruzados no hacemos nada. Ayuden — Y ella misma dio el ejemplo. Envolvían los colchones y los subían arriba de un ropero alto. Toda la ropa la fueron apilando arriba, y cuando no cupo más, hicieron un atado y lo colgaron de un gancho. Quedarse allí, era quedar dentro de la trampa.
—Estamo? Me tienen que seguir con cuidao. — Los miró a los tres.
Ya no se reían —Vamo a tirar pa la, lomita. Hay que arrastrar el bote — Les echó por encima unas arpilleras, buscó algunos alimentos, una botella de bebida fuerte, y salió adelantando el farol.
—Agarrensen. No se suelten. Aquí también hace juerza la correntada.
Apenas si los muchachos podían oír las últimas palabras que el viento y el agua ahogaban. El bote se balanceaba sujeto al poste.
Guiándose por los árboles, ya que el camino desaparecía totalmente, la mujer y los niños remolcando, el bote con la breve carga, se internaron en lo que debía ser el centro de la isla. Avanzaban cautelosamente sujetándose en lo posible a los árboles y afirmando los pies en el suelo barroso y huidizo. La madre levantando el farol servía de guía, y al mismo tiempo no dejaba de cuidar a los que la seguían.
—No soltés al Negro. Cuidao. En realidad más hablaban los ademanes que las palabras.
Trabajosamente fueron internándose en la isla hasta llegar a la loma que aparecía todavía descubierta, con algunos árboles protectores. Allí encaramaron el bote y lo dieron vuelta a manera de caparazón de tortuga, permitiendo protegerlos del temporal. Siempre tendrían tiempo de ponerlo a flote, en último extremo.
Apoyada la proa en una piedra permitía ver la luz del farol desde fuera.
— ¿Y aura, mama? — Inquirió el más chico.
—Aura a esperar m'hijo.
Cuando Martín desde la costa y ya con la noche encima vio que aquello no aflojaba, le entró una desesperación por la mujer y los hijos, que en vano querían calmar algunos curiosos.
—No se largue, que eso es una locura!
Pero el sentimiento era un cable de acero potente que lo tironeaba. ¿A la muerte? El no pensaba. Ellos estaban en peligro, y su imaginación estaba con ellos. Empujo la pequeña y movediza embarcación, saltó dentro y con un olfato de años se tiró a vadear el brazo desde más arriba, para salirle al encuentro a la Juncal.
Apretaba los ojos en la oscuridad y los frotaba con los puños para descargarlos de agua. En realidad el cruce era una locura. ¡Con aquellos remos y aquel, casco boyando como una cascara en la creciente!
Una fuerza desconocida que emerge de la desesperación en momentos supremos, lo hacía dominador y audaz. Fue avanzando. Tardó horas hasta sentir hormiguear los brazos y, con el corazón en ¡a eterna zozobra del vuelco. Apretó aún más los ojos. Le parecía ver una luz, pequeña, perdida a veces entre ráfagas.
Tanteó puntas de juncos a la altura de las olas. Rumbeó hacia la luz. ¿No sería el cansancio? Notó que la fatiga le pesaba en los brazos y hasta las piernas se le acalambraban. La correntada intentaba alejarlo de la luz.
Tenía que forzar la corriente, meter la quilla con los dientes apretados, en la ola sucia que paraba la lancha. Luchar por lo menos para no dejarse alejar.
¡Ahora, tan cerca!" Pensaba él.
Un gusto amargo, salobre, le llenó la boca; Cabeceaba la lancha, hundía tos remos con desesperación.
¿No jué un grito?— Interrogó la madre, ¿naides oyó nada?
Y asomó la cabeza por debajo del bote. Los muchachos quedaron en silencio. El agua más abajo rezongaba enredándose en los troncos de los árboles o entre las ramazones bajas.
—Me había parecido— insistió ella cuando se volvió a guarecer.
—Pero mama, ¿ quién va a gritar?
-Tata anda en la costa. — Comentó uno de ellos.
¿Algún cristiano?
Inesperadamente la madre se volvió a asomar.
—Pa mi que gritan. — y haciendo fuerzas salió de su guarida.
—No puedo quedarme. Esperen.
—La acompañamos, mama. — Intercedió el mayor.
—Esperen.
Y la mujer con el farol en el trazo estirado por encima de la cabeza fue hasta la orilla de la loma. Le costaba mantenerse serena frente al viento. Miró interrogando hacia distintas direcciones. Ya se volvía cuando le pareció distinguir algo entre la ramazón de los árboles, más abajo. Algo se movía.
Hizo señales a los muchachos que vinieron a confirmar sus sospechas. Parecía una lancha vacía calzada entre ramas.
—Ustedes esperen.
Dejó el farol al mayor, y sujetándose a los troncos y nadando entre ellos logró alcanzar la lancha. Palpó, era lo que esperaba, un 'hombre desmayado estaba dentro. Se encaramó hasta caer en la lancha, y ayudándose de los remos y de los árboles, entre tinieblas, se aproximó a la orilla. Cuando retiraron al hombre agotado, inconsciente, lo reconocieron.
—Yo sabía que tenías que venir, mi Martín.
Y por primera vez lloró en la tormenta.
Cuando el día vino trepando entre las nubes grises, apenas si el lomo de tierra quedaba por cubrir y las copas de los naranjos, de los limoneros, de los toronjales eran como jardines flotantes. Arriba de la tierra el bote dado vuelta seguía aguantando una lluvia pareja.
Debajo, el hombre, la mujer y sus hijos, como en el arca del diluvio esperan confiados en su fe, afirmada en este momento de necesidad. Cuando empezaron a bajar las aguas, sonrieron.
¡Quién amansa a este loco!
Y Martín señalaba al río, revuelto, salpicado de camalotes, de ramas, de hojas, de pájaro muerto, asustador y benéfico.

Antonio Vega (h.).
Publicado en el Almanaque del Banco de Seguros del Estado de 1948.-

Wednesday, August 4, 2010

Cronica de un fin de semana.-

El fin de semana se venía lindo, el tanque de nafta estaba lleno, lo único que faltaba era preparar el mate y temprano en la madrugada, salir a hacer camino.

Como hacía tiempo que no nos tomábamos unos días para hacer kilómetros, decidimos encaminarnos hacia la frontera, nuestro destino final la zona conocida como Fingers Lake, en el norte del estado de Nueva York, por todos los reportes que había leído en la internet, se trataba de una zona muy pintoresca donde los puntos a destacar eran la abundancia de hermosos lagos, grandes bodegas viñedos inmensos y un pequeño pueblo con el prometedor nombre de Seneca Falls (Cataratas de Seneca).

Como las supercarreteras no son propicias para conocer pueblos y parajes, después de pasar la frontera americana, buscamos carreteras secundarias, las estimadas tres horas de viaje se volvieron aproximadamente cinco, pero la expectativa de conocer Seneca Falls (Cataratas de Seneca), justificaban el tiempo.

Hablando de tiempo, les paso a contar que llegamos tardísimo, las Cataratas de Seneca, habían sido eliminadas de la ciudad en 1915, así que no las pudimos ver.

Deambulamos por la zona buscando la cantidad de lagos que prometían, encontramos dos… A mí, amante del vino y de todo su proceso, todavía me quedaba la esperanza de acercarme a la vid, disfrutar las aromas de las viñas, Titina no se veía tan entusiasmada, pero después de hacer tantos kilómetros, todavía pensábamos que algo lindo iba a resultar de todo esto.

Lo primero que pregunte al llegar al hotel, fue por un mapa regional detallado y otro de la zona de Geneva Lake (Lago Ginebra), que hasta ese momento era lo mejor que habíamos visto.
Después de instalarnos, salimos a recorrer el pueblo, lo caminamos de norte a sur u de este a oeste, a los 45 minutos estábamos en la puerta del hotel.

“Mañana nos levantamos temprano, después del desayuno salimos a recorrer los lugares que describen en esta mapa sobre “la ruta del Vino”, vas a ver que la vamos a pasar lindo”, dije con entusiasmo.
Después de dos horas de dar vueltas vimos dos Bodegas, una cerrada hasta las 10 y la otra con unas viñas tan mal cuidadas que ni ganas de bajarse del auto daban.
Sacamos dos o tres fotos y sin más, emprendimos nuestro retorno hacia la frontera canadiense y la hermosa zona vitivinícola en la península cercana a Niágara Falls (Cataratas del Niágara).

Por suerte las cataratas todavía estaban todavia allí y en toda su majestuosidad...

Los viñedos, que se extienden por kilómetros a ambos lados de las rutas y caminos, encandilaban con un verde brillante, lleno de promesas de futuros
y sabrosos vinos.

Zigzag…zigzag… recorrimos por horas las extensiones de viñedos, disfrutamos de los aromas de la época, caminamos entre las viñas, donde las uvas, algunas ya casi maduras me decían al oído… “falta poco para que nos disfrutes en nuestra próxima vida”…
al ver tanto futuro, pensé en Claudio y en JJ Tito…
ahora sé que habrá vino para todos.

Tuesday, August 3, 2010

El Pajarero.-





—¡Boyeros nuevos del Santa Lucia, que silban como flautas!
¡Zorzalitos y calandrias de primera pluma! ¡Jilgueros
cabeza negra, baratitos y cantores como canarios!
Con los dos grandes y toscos jaulones de cañas — que él mismo construyera— balanceándose a sus flancos, en el vaivén de la marcha, recorría periódicamente las mal empedradas calles de San Felipe y Santiago el viejo Juan Castillo, un pintoresco personaje que se dedicaba a la caza y venta de pájaros, allá por los comienzos del siglo XIX.

Hijo de andaluces, había heredado de sus padres la picardía y el gracejo propios de la raza, como así también la riqueza imaginativa y el hábito de exageración que la caracterizan.

Menguado de talla, con unos ojos de mirada vivaz e inteligente., que relampagueaban sin descanso entre la espesa
maraña blanca de las cejas y las barbas, su figura se había tornado familiar para los habitantes del plácido Montevideo da entonces, que gustaban jaranear con él y se complacían tirándole la lengua, para poder oír sus inverosímiles pero siempre pintorescos relatos.

—¡Mirlos de los bañados de Carrasco!
¡Cardenales de los montes del Río
Negro! ¡Cotorritas bien habladas, respetuosas
y obedientes, que yo mismo
enseñé como Dios manda!

Al escuchar su pregón salían a la puerta de los zaguanes las pizpiretas mulatillas de los mandaletes, con encargo de sus amas de hacer pasar al pajarero hasta el patio, para poder allí examinar a sus anchas las aves que ofrecía. No fuera cosa de que el astuto Castillo les quisiera vender tordos por mirlos, o espineros por zorzales, como según comentarios generalizados había ocurrido ya más de una vez.

Contábase que a una dama de alcurnia, muy regateadora en los precios, motivo por el cual no le resultaba nada simpática, el viejo Castillo habíale ofertado en cierta oportunidad lo que él llamara un loro bataraz, valiosísimo ejemplar, según sus palabras, de una especie ya casi extinguida, que hablaba poco menos que como un preceptor.

"Hasta a cantar aprende, si quien se lo enseña tiene una voz melodiosa como la suya, misia Francisquita", habría acabado diciéndole el muy locuaz pajarero. Y la empingorotada señora, contenta por el elogio, olvidó sus regateos y adquirió el ave, casi implume todavía, pero que una vez crecida resultó una vulgar lechuza.

Anécdotas como aquella atribuíanse muchas al socarrón Castillo, el cual, cuando alguna posible compradora las traía a colación, limitábase a responder con una ambigua sonrisa: —A quien mucho regatea le toca el ave más fea, dice un refrán de mi tierra.

Pero la verdad era que, fuese justo o injusto lo que de él se decía, a Castillo recurrían todas las familias monte videanas que, para solaz propio o para envidia de sus relaciones, anhelaban poseer un loro parlanchín o una calandria de armonioso canto.

El viejo pajarero iba a cazar a sitios muy distantes de la pequeña ciudad colonial, en cuyos aledaños residía, muy cerca de los Pozos del Rey. Lo llevaban consigo los carreros de la época, en sus rústicos vehículos toldados de cuero crudo, hasta los espesos montes del Santa Lucía, del Yi, del Río Negro, y a veces hasta el lejanísimo Cebollati.

Allá, en aquellas soledades no exentas de peligros, pasaba Castillo largas temporadas armando sus "aripucas", o acechando los nidos de boyeros y zorzales, a la espera, de que los pichones estuvieran "a punto", como él gustaba decir.

De regreso de tan largas expediciones, con las dos jaulas cañizas atiborradas de una inquieta y vocinglera carga, rumbeaba hacia los portones de San Juan o de San Pedro. Y va dentro del recinto de la amurallada ciudad colonial, oíase su característico pregón, mezclado al de panaderos, lecheros, vendedores de velas y otros proveedores:

—¡Boyeritos que silban como flautas!
¡Zorzales y calandrias de primera
pluma! ¡Loros que aprenden a hablar
hasta en latín!...

Publicado en Almanaque del Banco de Seguros del Estado del año 1968.-

Sunday, August 1, 2010

Nosotros.-

El 30 de Julio, Titina y yo celebramos 40 años de matrimonio, cuarenta de la decisión de salir de Uruguay y empezar una vida de matrimonio en un país lejano y extraño, de terminar de criarnos juntos, cuarenta de logros y fracasos, cuarenta juntos, en las buenas y en las mejores, pero también en las bravas, en las difícil de pelar, en las que después te hacen pensar si fue la decisión justa y adecuada.

 
30 de Julio de 1970, Titina y Alberto

Cuarenta de familia, de hijos, de nietos, de amigos de aquí y allá, de amigos en el mas aquí y en el mas allá, de perder familiares y encontrar vacíos que se hacen difíciles de llenar, de tener mucho a no tener nada, de contar las monedas caídas en el piso del auto, para pagar la salida del estacionamiento, o de contar los billetes para pagar un café sentados frente a la Torre Eiffel.

De llegar a cruces en el camino y tomarlos juntos, a veces hasta sin pensar en las consecuencias, otras fríamente calculando hacia donde nos llevaba, de hacer nuestra historia, cuarenta de grandes alegrías y también de tristezas enormes.

Siempre digo que no cambiaría nada de lo que he vivido, pero en lo más intimo de mi ser, se, que hubo muchas cosas que tendría que haber hecho distinto, la única que no cambiaría por nada y que la repetiría todas las veces que fuera necesario, es esa decisión que tomamos juntos hace cuarenta años, de hacer de nuestras vidas, una sola.
Julio 30 de 2010, Alberto y Titina.

Nosotros.-

Wednesday, July 28, 2010

Joaquin Torres Garcia.- (click aqui)


Joaquin Torres Garcia.-
Montevideo. 1874-1891

"Nació pintor, es todo"



Entra en el link del título, encontraras toda la biografía del pintor, además te puedes dar un paseo por su vida y obra a través del sitio del Museo Joaquín Torres García.

Friday, July 23, 2010

Historias cortitas/ Pescadores.-

Nuestra familia ha sido siempre, una familia de pescadores, la pesca ha estado tradicionalmente relacionada a las salidas de sus miembros, desde el abuelo Aniceto, mis tíos y primos, hasta mi padre mi hermano y yo. 

El abuelo ponía unas pocas cacharpas en el carro, y salía rumbo a la Picada de los Martínez o la Picada Larga, a veces solo, otras con algún nieto… “no mas de uno porque se ponen a pelear y asustan las tarariras” decía fuerte y seco, si los hijos andaban en la vuelta, ya empezaba a preparar aparejos y cañas y los invitaba a “tirar unas lineadas” . 

Mi padre siempre tuvo la misma costumbre, Perico, Mingo, Martín nunca se cansaron de hacer kilómetros, a pie, en carro, en auto o en ómnibus, la cosa era salir a pescar un rato.

El tío Chino (Rodolfo) estaba mas bien para los caballos de carrera, pero si cuadraba también enganchaba. 

Los años pasaron, se fueron poniendo viejos, pero el gusto por la pesca seguía igual, se iban a buscar unos a otros para salir hacia el arroyo, el río, el mar, era lo que siempre los unió. 

Y como buenos pescadores todos tenían sus historias, unas verdaderas, otras de pura fantasía, pero nunca se cansaban de contarlas. Un día, llego de visita por lo de mi tío Martín, que vivía por allá por Villa García en Montevideo, mientras nos tomábamos unos mates, me empezó a contar que Mingo había venido desde La Teja, para invitarlo a ir a pescar a la escollera Sarandi, prepararon las mochilas, los aparejos, las cañas, algún litrito de vino y en ómnibus se fueron para el puerto. 

¿Y como les fue tío? Pregunte ávido de cuentos. 

 “Mire m’hijo, no tan mal, pero no del todo bien… llegamos a la escollera, preparamos, tomamos unos traguitos, conversamos, tratamos de pescar, estaba todo muy lindo, pero después de cómo cuatro horas, teníamos solamente dos “burriquetas”, ahí fue cuando decidimos empezar a rumbear pa las casas, guardamos todo, le dimos el ultimo beso a la botella, pa no acarrearla, y rumbeamos pa la parada del ómnibus. 

Ud. sabe como es su tío Mingo pa conversar… bue… le cuento, todo empezó con un curioso que le pregunto como nos había ido, ahí nomás le contó de las dos corvinas que habíamos sacado… ya en el ómnibus, una vieja que nos vio las cañas, se intereso en la pesca y pregunto también...  

Mingo se despacho contándole de las seis o siete corvinas que llevábamos en las mochilas… por la Plaza Libertad, un hombre se entero de las quince y pico de piezas grandes que andábamos arrastrando pa las casas… y así siguió, la pesca cada vez se hacia mas grande… 

Cuando llegamos al Hospital Italiano… me tuve que bajar y venirme a pie… ya no cabían los pescados en el ómnibus y el olor era insoportable”.

El Tordillo

Wednesday, July 21, 2010

Osiris Rodriguez Castillo (click aqui)


Osiris Rodríguez Castillo, ha marcado un rumbo muy definido en la música y la poesía uruguaya, buscando y buscando encontré este blog que tiene cosas muy interesantes, entre ellas una biografía del poeta. Lo comparto porque hoy en el cumpleaños del maestro, quiero que Uds. también se informen sobre su gran trayectoria.

Monday, July 19, 2010

La ultima de futbol, no pensaba poner mas cosas de futbol, pero esto que mando Conucho Mastrangelo a Floridaonline, no lo podía pasar por alto, no sé si lo escribió el o se lo mandaron, pero de cualquier manera, esta fenómeno y vale la pena reproducirlo, con el permiso de él y del Dire.

18/julio/2010
Perdón Dire por ser tan grande este mensaje pero está muy lindo:
¿Vos viste lo que hicieron?
En punta del Este se abrazaban las viejas de 3 apellidos con las mucamas,
Los que juegan al golf en el country club con los que cortan el pasto.
Los chorros no robaron en 18 de julio cuando los festejos.
En Salto las naranjas son celestes ahora, en Paysandú se comen los chajá crudos,
El río Negro es a color, en Dolores no queda casi nadie dolorido.
En Rivera, y el Chuy se olvidaron de bagayear por unos días,
En Minas las minas lo aman al Loco Abreu, y los machos también.
Nos llenaron de alegría, desde Montevideo hasta el cerro Batovì.
Y no es el cuarto puesto, es la entrega, las ganas, la hombría, el espíritu,
la humildad. El maestro Tabàrez, nos enseño a salir de la grisura,
sin pegarnos con la regla en la mano.
A Luis Suárez hay que dedicarle por lo menos, el monumento a los dedos
de Punta del Este, esa fue la mano de Jesús, no la de dios,
que sabido es que no existe.
Esa mano no cobrada del supuesto dios, esa mano vergonzosa y vergonzante, medio escondida,
como la mitad de la vida del Diego de los Argentinos.
La mano de Suárez fue bien clarita, bien alta, y fue la mano de Jesús porque sabía que lo iban a crucificar con la roja y lo hizo igual por el amor a su pueblo.
Entre una y otra mano hay un mar de vergüenza que las separa,
una enorgullece, la otra da lástima.
Al loco Abreu tendríamos que dedicarle una picada gigante, como las que nos gustan a los
Uruguayos, los reyes de la picada, completa, pero claro, la picada de los Uruguayos no lleva huevos, y la del loco Abreu llevó incluida unos huevos como una casa de grande cada, uno digo, que se lea clarito.
Al Diego de los Uruguayos, ¿qué le vamos a dedicar?, la vida?, el alma le vamos a dedicar?, el éxodo de Artigas con esa misma determinación?, nos vamos a quedar cortos con el regalo.
Al Ruso Pérez? Eh? Eh?, que le dedicamos?, el cerro de Montevideo, por su fortaleza?, es poco cerro, pa` tanta fortaleza creo.
Y a todos, que carajo hacemos con estos muchachos?, no tengo idea, que algún iluminado me diga, que hacemos, porque la gloria les queda como 3 talles mas chica.
Y con el Uruguay?,
¿que hacemos con la alegría de 3 millones de Uruguayos orgullosos, por primera vez en mucho tiempo, de que nos hayan sacado del blanco y negro del 50 y nos hayan traído en andas, todos estos locos, hasta el technicolor del siglo XXl?.
Adónde vamos a meter tanta gloria?
Qué lindo poder vivir esto, y que lindo ser Uruguayo.
Por algo una de las frases que mas usamos es: tamo` todos locos
Esta lindo verdad?
Conucho

Saturday, July 10, 2010


El Cabeza, Jorge Llambias me mando esto y tengo que pasarlo.

Va comentario de un periodista brasilero sobre Uruguay. De mi parte quedé hinchado como sapo cururú. Salú gente
cabeza

Ellos fueron los Rocky Balboa de esta Copa Mundial, los desvalidos, los desamparados, los humilde por los que nadie daba nada. Es el cuento de hadas más bello; el de una selección sin igual que encarna el alma y el carácter de un pueblo. Un cuento de hadas épico, por supuesto, porque los uruguayos eran príncipes y caballeros de la pelota (alguien vio a un luchador celeste, hacer algún gesto feo?)

Como guerreros que nunca se rindió. Pocas veces en la historia del deporte es tan cierto la expresión "se equivocó" y por la semifinal perdida contra los Países Bajos.

¿Cómo sería posible hacer frente a la naranja, frío, despiadado y ágil equipo sin su gran líder y capitán, Lugano, y sin su atacante más peligroso, Suárez?

Sería casi imposible, pero la poderosa Celeste tienen un juego parejo que hubiera podido dar lugar a una prórroga si el juez hubiera anulado el segundo gol holandés, en la que Van Persie, participó en el gol de Robben. Sí, Holanda jugó más tiempo, tiene jugadores más técnicos, y sabe cómo pasar el balón de un pie a otro para encontrar el tiempo para el ataque mortal. Pero frente al mejor fútbol de la naranja, los uruguayos ofrecieron su entrega, su monumental garra y sí, algo poco común en los jugadores que juegan bien y defienden a clubes europeos: el uruguayo dejó en claro no sólo su amor por el fútbol, no sólo por su batalla sino por su camiseta celeste de su país, que esos hombres rescatan un campeón con toda la mística casi olvidada del ya dos veces campeón olímpico y del mundo.

Esto trasciende aún más en el amor casi increíble de lucha hasta el final de los uruguayos. Cuando todo estaba perdido cuando el juego ya había agotado su tiempo regular y Holanda estaba seguro del 3-1, los uruguayos al borde del nocaut, desafiando a sus propias fuerzas y sin que nadie supiera de dónde, hace el segundo gol y aún soñando con el objetivo de la final y el nuevo milagro después del partido épico contra Ghana.

Sí, lo sabemos: la fuerza llamó a los heridos, las cuerdas que se las arregla para defenderse tiene un nombre. Se llama Uruguay. Se llama, más de corazón, el alma de un pueblo. Para los escépticos y los idiotas que no respetan el valor y la importancia del fútbol, la saga celeste genial de este Mundial lo hará, resucitó a una nación. Los uruguayos demostraron su valía una vez más, como lo han hecho en muchos otros ámbitos, no sólo en fútbol, tales como la literatura que nos ha dado a los monstruos sagrados de las palabras, el valor y la humanidad como Eduardo Galeano y Mario Benedetti.

Me imagino el orgullo de Galeano para que pueda agregar a sus fantásticas historias tan reales como lo que estos jugadores memorables de su país hicieron en esta Copa del Mundo.

Como escribió el periodista Marcelo Barreto en su blog, como humanos, la historia más hermosa en esta Copa Mundial de África es la de Uruguay. Una historia de hombres y héroes. Una historia de verdaderos patriotas que aman a su país.

Gracias, hermanos uruguayos. Gracias por hacernos ver y recordar lo que son - guerreros con los ojos abiertos en su talento (sí, Forlán es el verdadero as de la Copa), en los goles maravillosos (hubo alguna jugada más hermosa que la de Suárez contra los coreanos? ) y Crazy (Loco Abreu!). En su educación, la dignidad y la competencia (Oscar Tabárez, el técnico, el conductor; que era agradable saber que los periodistas uruguayos le brindaron una ovación de pie en la conferencia de prensa de ayer) – que son parodiando a Galeano, venas, corazón, carácter y el alma abierta de América Latina.

Gracias, Uruguay.

Thursday, July 8, 2010

Acá hay un campeón.-(click aqui)


No dejen de leer este articulo.-

http://espndeportes.espn.go.com/futbol/copa-mundial/blog?entryID=1055681&name=Sudafreaka_2010&cc=3888

Wednesday, July 7, 2010

Se van los colores.-



Uno de los beneficios agregados que queda de la gran actuación de la selección de Uruguay en el mundial, es la alegría de ver banderas uruguayas por todos lados.

Cuando uno está lejos de su tierra añora muchas cosas, pero la ausencia más grande, después de familia, es la ausencia total de nuestra bandera, mas allá de nuestras casas o la sede del Club Uruguay, pero en el último mes, no estuvo o está fuera de lo común, cruzarse con autos con la querida bandera de franjas y sol.

En los 40 años que hace que estoy “fuera de casa”, siempre tuve algún distintivo que dejara claro que ese auto con placa SAN-CONO, es de un uruguayo, y como yo tantos otros compatriotas hacen lo mismo, pero son detalles pequeños y que muchas veces pasan desapercibidos, ahora no, ahora las banderas en la ventana, van pregonando a los cuatro vientos que somos Uruguayos y que estamos orgullosos de serlo.

Los bocinazos te hacen dar vuelta la cabeza, y desde el auto de al lado, un uruguayo que nunca habías visto antes, te grita a voz en cuello “Vamo Uruguay carajo”… o “ hoy los comemos en dos panes”… “ soy celeste”… “ que bien los pibes ehhh”.

Hombres, mujeres y niños, muchos de ellos nacidos acá, van por la calle o los centros de compra con la celeste puesta, porque se sienten con la total libertad y la obligación de identificarse y hacer saber de que nosotros entramos entre los cuatro mejores del mundo.

Me encanto el mundial hasta ahora, lo disfrute, grite a solas (por cábala), no me perdí un partido, ni me pienso perder los dos que quedan, pero cuando termine lo que más voy a extrañar, va a ser el no ver más esas banderas flameando… me quedara el vacio de cuando se apagan las bocinas y se van los colores.

Gracias a todos los integrantes de la selección de Uruguay por las alegrías… que se repita.

Saturday, July 3, 2010

Acuso recibo de mensaje.-

Estimado Tordillo,

Hace un tiempito le dejé un mensaje en su blog refrente a Cuneo.

Por si no lo vió, le comentaba que la foto tomada a Cuneo pintando en el campo, fue tomada por mi padre en nuestro establecimiento en 1952. En ese comentario, le agrego algun dato mas.

Resulta que nosotros no quedamos con ninguna copia de esa foto y la del blog no esta de muy buena calidad. A pesar de eso, le mandé una copia de esa misma, al nieto de Cuneo, Hugo, con quien conservo todavía una buena amistad. El hace muchos años que reside en Francia muy cerca de Ginebra.

Si ud. conserva el original de esa foto o tiene una buena copia, nos gustaría tener una nosotros tambien. Tal vez la pueda escanear y mandar por email, o en su defecto, me animo a recojerla en Florida si le parece. Por esos pagos tambien tengo varios amigos.

Como curiosidad, le adjunto una foto tomada a mi hermana ese mismo día en ese mismo lugar.

Esperando sus noticias, le saluda,

Eduardo Angenscheidt

Respondo:

Don Eduardo, le agradezco la foto, en cuanto a su pedido, le digo que todo el material que yo tengo es de segunda mano y mucho de mi conocimiento sobre Cuneo, es anecdotico y las fotos pueden haber sido encontradas en la Web o en un libro que publico Galeria Latina sobre la vida del eximio pintor.

Esta es la foto a la que Ud. se refiere.

Lamento no poder darle mas datos, pero le agradezco que se aparezca de vez en cuando por el corral, si encuentro algo original se lo publico aqui.

Saludos .

El Tordillo