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viernes, 6 de agosto de 2010

¿Me empriesta el cuchillo?/ Historias Cortitas.-

¿Me empriesta el cuchillo?

Eran los primeros días de abril de 1831 cuando Fructuoso Rivera haciendo uso de la confianza que los charrúas le tenían, ya que habían peleado juntos contra las diferentes invasiones a la Banda Oriental, los convoca a todos con sus guerreros y familias.

De apoco fueron llegando al rincón del Salsipuedes, Venado, Polidoro, Juan Pedro, Rondeau, Brown y varios otros caciques y caciquillos.

“Nos tienen que ayudar a cuidar las fronteras, no sea que los bayanos se nos ganen otra vez tierra adentro”, les dijo Rivera.

Los caciques no dudaron de las buenas intenciones del hombre al que llamaban Don Frutos, después del trato, los invitaron a festejar con licor y varios animales carneados para la ocasión. Los charrúas formaban un grupo de unas 400 almas, los soldados que acompañaban a Rivera rondaban por los 1200.

Cuando los ánimos estaban tranquilos y los indígenas disfrutaban más del agasajo, Don Frutos le dijo a Venado...

“¿Me empriesta el cuchillo?, pa’picar tabaco”

El momento de la entrega del cuchillo era la señal para que el ejército traidor tocara a la carga y a degüello. Venado cayó al piso después del disparo a quemarropa que le dio Frutos, el zafarrancho acabo con unos cuarenta charrúas muertos y más de trescientos prisioneros o heridos.

La gran traición ya se había llevado a cabo, pero algunos como Bernabé Rivera, se empecinaron a eliminarlos en su totalidad y se dedico a perseguir incansablemente a los que lograron escapar de la emboscada.

En Agosto, el Rio Arapey y el Mataojo también se tiñeron de sangre charrúa, después de degollar a los caciques Juan Pedro y Adivino, el campo mostraba los cuerpos de unos veinte charrúas muertos y más de ochenta heridos o prisioneros. Polidoro era el único cacique importante que todavía seguía en pie, pero Bernabé quería degollarlo como a todos los otros “infieles”.

Por mediados de Junio de 1832, allá por la hondonada de Yacare-Cururu el cuerpo de Bernabé Rivera y diez o doce de sus soldados, yacían inertes a los pies de un joven guerrero charrúa, el atardecer ya empezaba a abrirle las puertas a la noche, todavía en el aire estaba el olor áspero de la pólvora, varios hombres y caballos heridos se revolcaban en los alrededores.

El joven charrúa que había perdido su daga en la batalla recién terminada, con su lanza en la mano, todavía ensangrentada, le pregunta al gran cacique Polidoro…

¿Me empriesta el cuchillo pa’degollar milico?

El cacique solemnemente le responde…

“Nunca más un charrúa soltara su cuchillo, no antes de morir apretando la empuñadura, deje nomas que los heridos se vayan… ya ha habido suficientes degüellos…"

El Tordillo

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