Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



Friday, July 23, 2010

Historias cortitas/ Pescadores.-

Nuestra familia ha sido siempre, una familia de pescadores, la pesca ha estado tradicionalmente relacionada a las salidas de sus miembros, desde el abuelo Aniceto, mis tíos y primos, hasta mi padre mi hermano y yo.

El abuelo ponía unas pocas cacharpas en el carro, y salía rumbo a la Picada de los Martínez o la Picada Larga, a veces solo, otras con algún nieto… “no mas de uno porque se ponen a pelear y asustan las tarariras” decía fuerte y seco, si los hijos andaban en la vuelta, ya empezaba a preparar aparejos y cañas y los invitaba a “tirar unas lineadas” .

Mi padre siempre tuvo la misma costumbre, Perico, Mingo, Martín nunca se cansaron de hacer kilómetros, a pie, en carro, en auto o en ómnibus, la cosa era salir a pescar un rato.El tio Chino estaba mas bien para los caballos de carrera, pero si cuadraba tambien enganchaba.

Los años pasaron, se fueron poniendo viejos, pero el gusto por la pesca seguía igual, se iban a buscar unos a otros para salir hacia el arroyo, el río, el mar, era lo que siempre los unió. Y como buenos pescadores todos tenían sus historias, unas verdaderas, otras de pura fantasía, pero nunca se cansaban de contarlas.

Un día, llego de visita por lo de mi tío Martín, que vivía por allá por Villa García en Montevideo, mientras nos tomábamos unos mates, me empezó a contar que Mingo había venido desde La Teja, para invitarlo a ir a pescar a la escollera Sarandi, prepararon las mochilas, los aparejos, las cañas, algún litrito de vino y en ómnibus se fueron para el puerto.

¿Y como les fue tío? Pregunte ávido de cuentos.

“Mire m’hijo, no tan mal, pero no del todo bien… llegamos a la escollera, preparamos, tomamos unos traguitos, conversamos, tratamos de pescar, estaba todo muy lindo, pero después de cómo cuatro horas, teníamos solamente dos “burriquetas”, ahí fue cuando decidimos empezar a rumbear pa las casas, guardamos todo, le dimos el ultimo beso a la botella, pa no acarrearla, y rumbeamos pa la parada del ómnibus.

Ud. sabe como es su tío Mingo pa conversar… bue… le cuento, todo empezó con un curioso que le pregunto como nos había ido... ahí nomás le contó de las dos corvinas que habíamos sacado… ya en el ómnibus, una vieja que nos vio las cañas, se intereso en la pesca y pregunto también... Mingo se despacho contándole de las seis o siete corvinas que llevábamos en las mochilas… por la Plaza Libertad, un hombre se entero de las quince y pico de piezas grandes que andábamos arrastrando pa las casas… y así siguió, la pesca cada vez se hacia mas grande… cuando llegamos al Hospital Italiano… me tuve que bajar y venirme a pie… ya no cabían los pescados en el ómnibus y el olor era insoportable”.

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