Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



Tuesday, April 2, 2019

Y dale con los bajo cero.


La mañana despierta otra vez con temperaturas invernales, me levanto antes que salga el sol, con ganas de hacer kilómetros, que me acerquen físicamente al estado que debo tener para enfrentar el Camino que se me acerca a pasos agigantados, faltan 23 días.

La mochila, ya pronta para el viaje, espera en un rincón del dormitorio, las botas con señas de barro de ayer, atrás de la puerta de la entrada, parece que se quieren ir solas. Miro por la ventana, nublado, un poco de viento, todavía hay hielo en las aceras, los pastos cubiertos de nieve y hielo parecen no tener ganas de empezar a verdear.

Pero nobleza obliga, tengo que salir, aunque no me sobren ganas. Me abrigo adecuadamente, me cuelgo la mochila y al pasar recojo las botas que se sonríen al sentirse necesitadas. Pronto y decidido, me dirijo a la calle, no hay mas remedio que mantenerse entrenado porque la edad, a veces me dice que me quede y me olvide de hacer caminos.


Para llegar al lugar planeado para hoy, recorro 5 kilómetros de ciudad junto a una calle de muchísimo tránsito, cuando todo se detiene en los semáforos, el olor a gas y humo invade mis pulmones, pero sé que después de este trayecto, me espera un hermoso sendero por parque y con unas ondulaciones exigentes que me ayudaran para el futuro próximo. 

Por aqui estaba el coyote, se me escondio mientras preparaba el telefono.
Encuentro el sendero dormido, solo, unos patos en el arroyuelo rompen hielo con el pico, a lo lejos a media altura sobrevuelan unos pájaros de rapiña y un coyote gordo, se va acercando lentamente a una carcasa de conejo que yace en medio de un descampado a unos 20 metros del sendero.

Bien abrigado, con mochila a la espalda y pararaguas, por las dudas.
Saco el paraguas que llevo cruzado en la mochila para hacer un poco de ruido sobre los arbustos para asustar al coyote. Estos animales que parecen tan amenazantes nos tienen más miedo a los humanos que nosotros a ellos, lo veo alejarse como remolineando y quedarse detrás de unos arbustos, no muy lejos del almuerzo que desea. Me da tiempo a seguir tranquilo y sin tener que mirar para atrás, el tiene en que ocuparse.

Los colores del paisaje son marrones y ocres, en cierto tipo de vegetación, los brotes parecen que están haciendo fuerza para salir, en pocos días, todo esto será verde y me recordará de los montes de Navarra.

Subo y bajo varias pendientes, por puentes de madera cruzo el rio tres veces, el viento frio me quema la cara, pero a pesar de eso esta muy agradable. Camino hasta un pueblito que se llama Kleinburg y cuando me dispongo a volver sobre mis pasos, una llamada de mi hija me cambia el rumbo y camino hacia su casa que esta a unos 4 kilómetros de donde me encuentro.

En muchos lugares el hielo todavia le gana a la primavera.
La vuelta a mi hogar fue en auto, ya que después de ayudar a Anahí con unas tareas, no me deja hacer los 7 kilómetros que me faltaban. En total una ruta de unos 16 km., con la mochila cargada y sin sentir el esfuerzo, en síntesis, un día productivo.

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