Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



Friday, May 13, 2011

Historias cortitas. El Aparcero y las costumbres.-

La noche de a poco habría su boca oscura y se tragaba todo el paisaje, desde el monte se escuchaban los ruidos y cantos típicos de esa hora, gallinetas, lechuzas, palomas de monte ronroneando y el panzazo de un capincho en las aguas de la laguna grande, algún mugido y coletazos de tarariras entre los juncos y camalotes.

El chisporroteo del fuego y el humito de la grasa de capón cuando se quema sobre las brasas, me tiene casi hipnotizado, mientras saboreo un amargo y una grapa. La noche es ideal para dormir bajo los árboles, el cielo estrellado invita a tirarse panza arriba y disfrutar de la soledad y el ruidoso silencio del campo.

Mi tordillo, que atado con una soga larga pastea a unos 50 metros, levanta la cabeza, para las orejas y relincha avisando que no estamos solos.

¿Buenas noches, habrá un lugarcito cerca del fuego para un aparcero?... el acento bayano y la voz fuerte de alguien a quien todavía no he visto, me rodea y rebota como eco desde el monte, no sé de donde viene.

Viene a pie, trae a rienda un caballo “poroto”, bien manchado y malacara.

“Suelte o ate ese hermoso bruto, para que el pastee y Ud. pueda tomar unos mates tranquilo, acérquese nomas”.

Como no tengo costumbre de preguntar nombres, por respeto, me pare y le ofrecí una mano firme, me presente como Pintos y lo invite a sentarse.

“Perico, pa servirle, vengo de Arroyo Grande, por allá por Rio Grande do Sul, soy domador y rumbeo pa Tacuarembó, pa unas jineteadas, me agarro la noche sin ver monte pa cobijo, hasta que vi su fuego y me decidí a acercarme, ¿le molesta si armo cerca?”

“Siéntese nomas, hay agua caliente, yerba nueva y un pedazo de capón sobre las brasas, corte tranquilo”.

Cuando aparece un aparcero al fogón, hago lo que siempre me enseño el abuelo Aniceto, le ofrezco el primer mate, para que lo saboree, lo invito a pegar el primer corte al asado, para que elija lo mejor y después le alcanzo el jarro donde tomo la grapa. El venerado viejo siempre decía… “por el corte qui’aga y el trago que tome, se va dar cuenta si es hombre de fiar”.

El bayano Perico, corto chico y grasoso, dejándome la mejor pulpa para mi, tomo el mate con respeto y sin tocarle la bombilla sorbió tranquilo y largo, el trago de grapa fue corto y pronto devolvió el jarro. Ahí supe que el aparcero era hombre de bien y de buenas costumbres.

Después de comer y prosear un rato, sin preguntas, se paro, armo donde iba a dormir, se fue hasta el monte y volvió con una brazada de leña. Agradeció la hospitalidad y se echo a dormir.

Yo también, me eche panza arriba a mirar las estrellas. Temprano, apenas aclarando, Perico revolvió las cenizas, movió el trafoguero y puso agua a calentar. Tomamos mate y compartimos una galleta de campaña que el traía, ensillo el malacara, me dio un fuerte apretón de mano y se marcho.

“Don Pintos, cuando Ud. y su tordillo anden por Arroyo Grande, pregunte por Perico Correa, que no le va a faltar un churrasco en los fierros y un tinto en la guampa… hasta siempre… muito obrigado”

El Tordillo.


P.D.: Esta historia cortita es para mi hermano Ruben, que ayer cumplió años y cuando lo llame para saludarlo, me reprochaba que me he olvidado del Corral, del cual es asiduo lector.

No comments:

Post a Comment