Un lugar donde un hombre de Florida (Uruguay), la capital de la Piedra Alta, cuenta de todo un poco, sobre su pueblo, su vida, sus viajes, su familia y más que nada, sobre su Florida natal. Tambien mucho sobre mi querido Camino de Santiago.



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Tuesday, December 26, 2023

Historias cortitas. Nostalgia,

  Nostalgia.

 

El caballo lo había dejado atado a la sombra de un arbolito, junto a la cañada que siempre inundaba el rancho del Japones Pereira, así que, al salir del Tango Bar, agarre calle abajo. Salude con una mano levantada a los parroquianos de Club Nacional, algunos en la vereda preguntaron si iba a pescar, las maletas que llevaba en mi hombro estaban redonditas y junto a ellas se delataban mi aparejo y un espinel de chaura gruesa de 12 anzuelos. Asentí con la cabeza y seguí al tranco, me persigne frente a San Cono, salude al Polo Pintos en la puerta del kiosco y cuando llegaba a la escuela, siento un grito de Aloy, que desde la puerta de su casa, en la esquina, me pedía que le trajera algunos bagres para fritar.

Cuando llegué al campito del Japones, vi que comedido como siempre, le había echado un poco de comida al tordillo. Ensille despacio, acomode las maletas y atrás del recado ate con dos tientos, un rollo de lona, que siempre me sirve de cobijo, como el rollito que llevan los vaqueros en las películas del oeste.



Enfile para la Calzada y de ahí, ya en un trote cansino, rumbo a la 56 y para arriba. Los campos estaban verdes, había pájaros de todo tipo y color, como iba tipo tropero, entre la carretera y los alambrados, de vez en cuando el tordillo se resalta cuando alguna perdiz salía revoloteando de los pastizales. En parada Sánchez, entre al boliche del Sordo, saludando, sacudí dos o tres grapas con limón, para rociar la garganta y seguí camino, al llegar al mirador de los Duro, veo a Danilo supervisando el trabajo de un alambrador que traspira con la dura faena, Danilo supervisa, de ayudar nada. Lo saludo sin desmontar y el se acerca a ofrecerme un trago de una de vino de tres litros, que tenia durmiendo a la sombra de unas chilcas.

Cuando llegue a lo de Galengo, el boliche estaba muy bien concurrido por el peonaje de la zona, las vueltas iban y venían, la señora del bolichero, había hecho un guiso de capón y mostacholes que olía espectacular. Después de dos platos y ya cayendo la noche, salí al galope para tratar de llegar al Tornero antes de la oscuridad. En el callejón del almacén de la Ventana, donde esta el frontón de pelota vasca, rumbee por el camino de tropas hasta las orillas del Tornero, donde pensaba acampar por unos días.

Acordándome de los consejos de Don Arroqui, crucé el cauce a caballo y lo primero que hice fue tirar el espinel, así después no tenia que cruzar a pata y mojarme. Volví hasta donde el fogón que mi familia ha usado por décadas y tendí la lona entre los árboles, por si llovía.

Junte leña, prendí el fuego para calentar agua y tomar unos mates, admire la luna, las estrellas, las sombras y los sonidos del monte. Me dormí como un tronco arrullado por los gritos de las gallinetas que abundan en el lugar.

Cuando me desperté, estaba en mi silla reclinable, de frente a la ventana y la nieve había blanqueado toda la ciudad de Toronto.

Mientras preparaba un mate… se me caían las lágrimas.

El Tordillo

 


Tuesday, November 28, 2023

Series de "Mi primer amor'

 Series de "Mi primer amor'

1) Mi primer amor Gastronómico.-

En casa, de chico, nunca sobro nada, pero tampoco nuca falto nada. Siempre de una manera o de otra, mis padres y mis abuelos se encargaban que la mesa estuviera siempre bien servida. Por lo tanto lo que les voy a contar quizás le sorprenda.

Yo tendría  6 o 7 años, mi querida abuela Doña Petrona Trezza de Pintos, me llama para que vaya a hacerle un mandado, que al fin y al cabo, para eso estábamos los gurises.

"Agarre esa canastita con peras y se las lleva a lo de Santarcieri el del almacén de la Cuchilla, asegúrese de comportarse bien, el Pocho es un buen hombre que siempre nos ha tenido buena consideración"

Al tranco salí rumbo a la Cuchilla Santarcieri, que a esa edad me parecía que eran varios kilómetros, unos 15 minutos después entraba al boliche, almacén de ramos generales, salon de reunion del barrio y en épocas electorales siempre canton de algún caudillito politico de la zona.

El Sr. Santarcieri me saludo con un fuerte apretón de manos, como si yo fuera grande, me hizo sentir grande. Recibió la canastita con una sonrisa y un agradecimiento para Doña Petrona y mi abuelo Aniceto.

Cuando estaba ya pronto para volver a casa me pregunta si estoy muy apurado, como le digo que no, me pide si le puedo hacer un favor. Acordándome de las palabras de la abuela le digo que estoy a sus ordenes. 

"Llevele este paquete de Geniol a la viuda de Seijas que vive en las ultimas casas antes de llegar a la via por el callejón, la pobre esta sola y medio enferma hace varios días"

Sin esperar y casi corriendo salí para allí, yo ya conocía la casa porque era una amiga de mi Mama, golpee las manos y enfile para la puerta, la viuda ya me esperaba en la entrada. Entregue el paquete, aguante el pellizco en el cachete y la despeinada que me dio. Saludando respetuosamente me di vuelta y corrí para el almacén.

"Hizo el mandado", "Si señor y la viuda le manda las gracias y saludos" conteste y rumbee para la puerta para irme para las casas.

"Espere, no se vaya" me dijo, se dio vuelta y salio para atrás del mostrador, agarro una de las galletas de campaña, de las mas grandes. Le corto la tapa y la parte de abajo, cuando solo quedaba el hojaldre tierno de la galleta, la corto en dos. Puso los dos trozos sobre un papel de estraza, con un cuchillo fue a la punta del mostrador y corto dos gruesas rodajas de un fiambre que recién le había llegado. Las puso entre los hojaldres de la galleta, me la entrego dándome las gracias por el favor.

Yo no conocía ese fiambre. Me dijo "Es mortadela, que la disfrute" 

Fue el primer manjar que comí en mi vida, fue mi primer amor gastronómico. 

Y lo sigue siendo.






Tuesday, January 11, 2022

Fin de año/ Historias cortitas.

 Historias cortitas.

Y de a poco el tiempo fue cambiando, el arroyo El Tornero empezó a crecer, nosotros que habíamos hecho campamento a metros de sus orillas, nos empezamos a preocupar. Yo era un gurí de 10 o 12 años, todos los Pintos, con sus crías, se habían reunido para festejar el fin de año en familia.

Seriamos como 30, Tío Mingo y mi padre Juan, venían con sus camiones desde Montevideo, esa era la planta principal del campamento, los dos camiones cola con cola, eran los dormitorios principales, donde los grandes y los mas chiquitos dormían. Los de mi edad y para arriba, debajo de los vehículos, armábamos nuestros lechos y nos ilusionábamos de que nos dejaban dormir afuera, pero siempre había alguien que tenia que romper el molde. Gladys la hija del Tío Mingo decía que era muy grande para estar con los gurises, pero era solo grande de edad porque era una petisita peleadora y engreída, las mellizas Olga y Hortensia, hijas de Tío Martin y de mi edad, tenían miedo, así que las tres fueron mandadas para arriba.

Los otros gurises éramos una bandada, 2 de Tío Perico, 3 de Tío Chino, mi hermano y yo, Judith y Ulisito que habían venido con los abuelos, Marisa que no tenia miedo y de invitados especiales Julito Menyou y Marquitos Garín. En síntesis, una manada traviesa, escurridiza y siempre sedienta de aventuras.

Cuando llego la orden de levantar todo, para cambiarse para lo alto, bajo los talitas frente la laguna de la cantera, fue un zafarrancho, la gurisada a las corridas llevaban sus cacharpas rumbo a ese santuario que quedaba a unos 200 metros. Los grandes cargaban la cocina Volcán, los barriles de cerveza, mesas, sillas, lonas y los tres gigantescos barriles que se usaban de heladeras de hielo para conservar la leche para los gurises y la carne para todos. Creo en uno de ellos había una vaca entera y en el otro toda la leche que el abuelo había ordeñado en el último mes. El Tío Perico se dedico a la salvaguarda de las damajuanas de vino.

El alboroto fue grande pero no hubo perdidas y al rato ya estaba todo pronto para comenzar la fiesta. La gurisada enfilo para la laguna grande, mojarreros en mano, los mas grandes con los ganchos para cazar mulitas rumbearon para los campos donde Don Magole era medianero y nos daba permiso. 

Entre las idas y venidas, los gritos de los grandes y el desconcierto general, mi hermano Ruben, el más pícaro de todos, le había robado un paquete de cigarrillos al Chino y una botella con vino a Perico… así pasaron las horas, cuando dimos la vuelta, los tres más grandes ya estaban mamaditos y jediendo a cigarro.

La penitencia fue para todos. Como quien dice, pasamos la noche de fin de año en vez de en familia, en cana y abajo del camión.

El Tordillo



 




 

Friday, January 8, 2021

Y nos fuimos de fiesta.

 

Y nos fuimos de fiesta.

 Yo no sé si era un baile, un casamiento, o simplemente una reunión de amigos, lo que recuerdo es que mi padre llego a casa como a las apuradas, mi madre como un remolino nos puso a bañarnos, mientras que nosotros estábamos en el latón, ella juntaba cosas que ponía en el canasto que usaba para los viajes largos.

Un juego de ropa extra para cada uno, las zapatillas de suela de goma y los infaltables sombreros de paja que habíamos comprado la primera vez que fuimos al Chui. En otro canasto mas chico, termo, mate, yerba, unas galletas de campaña, la tablita de cortar, un cuchillo, unas piernas de chorizo casero, un pedazo de queso del que nos regalaba Don Torredeflo y una damajuana de tres litros de leche.

Fuera corto o largo el viaje, el canasto de la comida iba siempre, de ahí salía, en cuanto Papa paraba para echar agua al radiador o a estirar las piernas, unas cositas para picar y un montón de sorpresas, parecía el cuerno de la abundancia, hambre no pasábamos nunca.

Con todo ya pronto, era el momento de subirse al auto, Papa revisaba el radiador, pateaba las cuatro ruedas para ver si estaban bien de aire, limpiaba el parabrisa y salíamos de viaje. Mi hermano decía… “Viste que suerte que tenemos, vamos en taxímetro y no pagamos nada”.

Esta vez el viaje era rumbo a Palermo y era en caravana. A medida que íbamos saliendo del pueblo y antes de llegar a La Macana, se habían plegado otros coches, el tío Ulises con su familia, el Pololo Benedetti, el Ratón Ruétalo, Cabral que vivia cerca de casa antes de llegar a la via, con sus hijos y dos o tres autos más.

Al llegar al camino que sale para San Gerónimo, a la sombra de unos eucaliptos se hizo una parada, mientras los hombres revisaban los autos, entraron a aparecer los canastos de todos los autos, mas canastos que gente. En esos tiempos los caminos eran fieros y ya llevábamos como una hora de viaje, el viaje a Palermo duraba mas de una hora y media porque había que cuidar los autos, eran las herramientas de trabajo. Así que una paradita y una picadita no venían mal.

Cuando llegamos a lo de los Pastorini, el ambiente en el lugar era totalmente festivo y se ve que había venido gente de todos los alrededores, éramos como veinte y pico de gurises para jugar y corretear. Los grandes entre saludos, abrazos y apretones de mano se pasaron desde la mitad de la tarde hasta cuando empezó a caer el sol y empezó la fiesta, que a nosotros no nos importaba.

De los gurises de la zona, que eran unos cuantos, nos hicimos amigos en un rato, mi hermano Ruben, que tenia alma y edad para ser nuestro caudillo, consiguió que los que tenían caballo, nos dejaran andar una vuelta. Algunos de los gurises de pueblo, nunca habían subido a un caballo y no falto quien se arrugara y enfilara como sonseando para donde estaban los padres. Los otros dábamos vueltas y vueltas siempre acompañados por los más baquianos.

Esa noche, ya muertos de cansancio, los mas chicos dormimos en los asientos de los autos, afuera la fiesta seguía y nunca ni nos enteramos si nuestros padres vinieron a dormir o no.

Apenas las barras del alba marcaron el cielo con el brillo de un sol nuevo, ya había un gran fogón encendido cerca de los galpones. Rodeando el fuego un montón de gente seguía de conversa y en el medio sobre una parrilla, como para desayunar livianito, se asaban unos cuartos de capón, chorizos de capincho y el costillar de ternero mas grande que yo había visto.

Cuando nos enteramos que no salíamos hacia Florida hasta entrado el atardecer, empezamos a planear con los locatarios para salir a cazar con las ondas y que nos prestaran una cañas de pescar para tirar unas lanceadas en unas cañadas que se veían a poca distancia. Era un día de total libertad para la gurisada y la pensábamos aprovechar lo mejor posible.

El mas grande de los del lugar se llamaba Pedro y fue el guía y capataz del día. Un grupo salió a cazar y otros nos quedamos a las orillas del agua. Otros dos se acercaron a la fiesta y expropiaron un cajón de Bidu, tres cervezas Norteña, unos cuantos chorizos y una parrillita para nuestro propio fuego.

Los mas grandecitos se tomaron la cerveza y los otros el refresco, aparecieron unas perdices cazadas a onda. Por primera y única ve en mi vida comí perdiz a la parrilla, los chorizos y cuatro bagres grandes corrieron la misma suerte.

A la hora de irse, nos salieron a buscar y nos encontraron a todos panza arriba durmiendo a la sombra, cerca de la cañada. Los mas grandes, que se habían mamado con la cerveza, se llevaron unos coscorrones, los mas chicos llenos y contentos como perro con dos colas, salimos rumbo a los autos.

A Florida se que volvimos porque me desperté en mi cama.

El Tordillo

 

 

 

 

Wednesday, December 16, 2020

Los heroes del barrio.

 

Los heroes del barrio.

A fines de los 50, desde que cruzaba el Puente de la Piedra Alta, se escuchaban los parlantes a todo volumen, se movía a la velocidad de un peatón, para que todo el barrio pudiera salir a la calle a recibirlo, los gurises se alborotaban y enloquecidos los seguían en su recorrido.

Ruta 5 (Aparicio Saravia) hasta Las Barreras, de ahí hasta Independencia rumbo al Prado Español, al final doblaba a la derecha y buscaba José Batlle y Ordoñez, por ahí y después por su extensión, hasta el almacén de Santarcieri en la punta de la cuchilla. A la izquierda por el callejón para ir a la estación y después por Avenida Artigas rumbeando para el centro. Destino final, la puerta del Mercado.


Era mi tío Raúl, que en su viejo camión Citroën venia a alegrar Florida con los álbumes de figuritas, los charrúas, sobre los indios, otras veces de futbol, otras eran de historia patria y así sucesivamente, venia todos los años con una colección diferente, los gurises nos enloquecíamos.

Desde arriba del camión, mis primos Cholo y Pocho, tiraban cada tanto un puñado de los paquetitos de figuritas y golosinas, eso hacia que los gurises los siguieran de punta a punta gritando y festejando este tipo de piñata ambulante, un sistema de publicidad perfecto.

Pero los más favorecidos éramos mi hermano Ruben y Yo, ya que apenas llegaba a la punta del puente, donde nosotros lo esperábamos, nos dejaba ir parados en los estribos del camión, uno de cada lado y nos daba figuritas para tirar. Nos sentíamos mas importantes que la reina del carnaval.



Cuando se terminaba el recorrido, salía por todos los boliches a vender su producto, mientras que nosotros, los cuatro primos, desde la caja del camión le alcanzábamos lo que vendía.

Al final del día, con el bolsillo gordo de plata fresca, nos llevaba hasta el Sportman, mientras él se entretenía con mi padre y los Giordano, nosotros comíamos helados y tomábamos Coca Cola, Bidu, La Salteña, naranjita Urreta y todos los otros tipos de refrescos que había… todo iba a la cuenta del tío Raúl.

A la hora de volverse a Montevideo, siempre agarraba dos cajas enteras de las figuritas y nos daba una a Ruben y otra a mí.

Y por si era poco, nos daba otro sobre con tres copias de “la sellada”, que era la que siempre faltaba para completar el álbum, porque era la “difícil”.

Por los próximos 10 o 15 días, nosotros dos éramos los héroes del barrio, porque para muchos gurises era donde encontrar las figuritas que no tenían. Nosotros les cobrábamos un vintén por las comunes, pero si de las selladas se trataba, podían subir hasta una chanchita de 20.

El Tordillo




 

 

Monday, December 7, 2020

Los regalos. Historias cortitas.

 

Los regalos.

En Noviembre de1955, mi padrino Héctor vino de Montevideo a verme por mi cumpleaños, como me conocía muy bien, siempre me traía los regalos que yo mas disfrutaba. Ese año me trajo para comer, una docena de bananas, medio kilo de galletitas Numancia, para disfrutar, sillita de playa tipo tijereta con asiento de lona, pero lo mas preciado fue el libro de cuentos El Príncipe Valiente.

Desde que aprendí a leer me enamoré de los libros, lo único que me frenaba de andar correteando campo o chapoteando en las cañadas de los alrededores de la Cuchilla Santarcieri, era un libro, de lo que fuera, si estaba escrito yo me lo devoraba. Ahora con setenta largos, sigo igual, si no estoy callejeando o a monte, es porque llego a mis manos un libro nuevo.

Bue… la historia empezó al otro día de mi cumpleaños, mi hermano Ruben y todos los gurises del barrio se juntaron para salir para La Calzada a disfrutar de la playita y algunos a estrenar hondas nuevas o recién arregladas.


Yo indeciso entre ir o quedarme con mi libro, opte por agarrar mi sillita y mi Príncipe Valiente y salir rumbo al rio con ellos, pero mis planes eran de sentarme bajo los sauces a leer mientras ellos hacían las de las suyas.

Entre uno de los Garín y mi primo Carlitos, armaron una choza del tipo que veíamos en las películas de “indios y convoys”, con los palos y ramas que deja la correntada la hicieron preciosa.

Cuando todos se fueron a sus andadas, yo puse mi sillita adentro de la choza y me senté a gozar de mi libro y la frescura del lugar. Estaba en el paraíso.

Se fue pasando la hora, entre la lectura, una banana y un pedazo de chorizo y pan que me había llevado en la bolsita de las piedras para la honda, yo, disfrutaba la tranquilidad que me brindaba la soledad.

De repente escucho unos gritos y corridas, salgo a ver que pasa y era la banda de muchachos que volvían, mi hermano me agarra de la mano y me dice que nos tenemos que ir de apuro, se viene una tormenta machaza y tenemos que llegar a las casas antes que los relámpagos y los truenos.

No me da tiempo a nada ya que me lleva casi de arrastro, yo a los gritos le decía que parara, pero el no me hacia caso y sin soltarme seguía calle arriba por Rodo.

Llovió y trono toda la noche y el día siguiente, yo en un rincón de la cocina me arrolle triste y pensativo, que hasta la abuela se pensaba que me había agarrado algo por la mojadura con la que habíamos llegado ayer.

En cuanto el tiempo mejoro, pedí permiso y salí a las carreras rumbo a la calzada…

Entre lagrimas vi que el agua de la crecida estaba como a cien metros de La Calzada, la choza, mi sillita y El Príncipe Valiente ya deberían estar llegando al Rio de la Plata.

El Tordillo

 

Sunday, November 29, 2020

Por el Tomas Gonzalez. Historias cortitas.

Por el Tomas Gonzalez. 

Al final del callejón donde nací, se terminaba en un alambrado y un campo con unos pocos animales, por ahí teníamos un trillo que nos llevaba hasta el chalé de los Passarella, a veces los gurises del barrio, los Garín, los Menjou, los Bruno, algún Deluca y por supuesto todos los Pintos chicos, salíamos a hacer bandidiadas para ese lado. 

Cerca de la casa de los Orlando, en el barrio Curuchet, nos metíamos a las aguas del Tomas Gonzales, que por ahí todavía eran pocas y rumbeábamos “pa’bajo”. La mayoría de nosotros teníamos algún pariente con los fondos de sus quintas para el arroyo, así que entrar a arrancar frutas de los frondosos árboles frutales ajenos, no era nada extraño. Nos llevaríamos algún rezongo, pero no más de eso. 



Así pasábamos el día entero, como piratas, siguiendo el curso cada vez mas grande del arroyo, pegándonos unas zambullidas y hasta durmiendo una siestita cerca de unos hornos de ladrillos, que creo que eran de un Pastorini. 

Nuestros padres ni se preocupaban, sabían que salíamos en manada y como manada volvíamos, cuidándonos los unos a los otros. Por la comida ni ellos ni nosotros nos preocupábamos, ya que en esos montes encontrábamos tanta cantidad de frutas que parecía que estábamos dentro del cuerno de la abundancia. 


 Algunas veces llegábamos hasta el final, la Laguna del Bote, ahí si que los mas grandes, el Tacho Menjou o uno de los Garín y mi hermano Ruben, se ponían en capitanes y apenas si nos dejaban mojarnos los pies. “Miren que el Santa Lucia está escondido ahí nomas y en cualquier momento crece” nos decía con voz de autoridad Marcos Garín, que era el más sargento de todos. 

Así, al empezar a caer el sol, cortábamos camino y volvíamos por la calle Batlle y Ordóñez y su extensión, que nos devolvía al barrio, extenuados, sucios y jediondos. Pero sanos y salvos, con la panza llena y las ganas de poder volver a la aventura en pocos días. 

El Tordillo

Tuesday, November 17, 2020

El Turco de la vía

El Turco de la vía 

El hombre es un animal que tiene el privilegio de viajar sentado y sin moverse un metro; Quizás esta no sea una descripción muy científica o educada de lo que es el ser humano, pero para mi es indiscutible. 

 Son las cuatro y media de la mañana, mi cuerpo en salto de cama y alpargatas, se encuentra sentado en un confortable sillón, el termo y el mate en el piso sobre la lujosa alfombra, desde el equipo estereofónico nace una música de fondo, suave y nostálgica, Amalia de la Vega canta y recita letras de Juana de Ibarburou, todo alrededor es confortable, no falta nada, hasta la calefacción se encuentra a la altura ideal. 

La mente... quien sabe donde esta?. Ahí vengo sobre el puentecito del Tomas Gonzalez, por costumbre hago sonar la vieja campana que esta al final de la baranda. 

Subo el repechito y miro para los dos lados, por las dudas, los trenes se escuchan de lejos, pero la zorra de los guardavias no, quien diga que Luciano y Melgar vengan a toda velocidad. 

Acabo de cruzar las vías y con un sacudón de cabeza, le doy un saludo respetuoso al Turco de la vía, que sentado bajo los paraísos toma mate, descalzo y pelado. 

"Diga por su casa que les mande saludo!" me dice como todos los días.

 Pero de quien?, yo he cruzado estas vías, viniendo del pueblo rumbo a la cuchilla Santarcieri, un millón y medio de veces, y el siempre esta sentado en el mismo lugar, invierno y verano, si llueve se corre hasta abajo del alero del galpón, y todos los días vivimos la misma rutina del saludo. 

Yo me los voy guardando en la mochila del recuerdo, los voy amontonando, ya no se ni cuantos tengo, pero no se los puedo dar a nadie, porque yo, un guri de siete anos, no les puede decir a los abuelos que el Turco les mando saludos, porque la abuela se me va poner de pelo parado y me va a decir que soy un irrespetuoso y que el hombre tiene nombre, que no sea guri atrevido, y como ella tiene razón que voy a hacer con los saludos?. 

 Me los sigo guardando en la mochila del recuerdo, para que hoy sentado y tomando mate en la soledad de la mañana, mientras viajo y recorro rincones del pasado, los pueda sacar, ordenarlos e inventariarlos para brindármelos a mi mismo, sin nombres, sin apodos, como parte de un tributo de los viajes de mi mente hacia la cuchilla Santarcieri.

El Tordillo

Tuesday, November 10, 2020

Porque el Tango Bar? (Historias cortitas)

Foto gentileza de Erika Scocozza y publicada en Recuerdos de Florida. 

Hay mucha gente que me pregunta, después de leer mis historias, el porque el Tango Bar, yo les explico que nací en la Cuchilla Sartarcieri, pero muchos años de mi infancia pasaron en una casa que mis padres alquilaban frente por frente a la herrería de Telmo a escasos pasos de donde nació y murió el Tango Bar, y a pesar de que el tiempo fue poco para disfrutar mi barrio, ese fue siempre “mi barrio” y el boliche ese para mi era su epicentro. 

Porque ahí era donde yo siempre me sentí, mas en Florida que en cualquier otra parte. 

Teniendo la desgracia de que mis padres gastaban el trecho de ida y vuelta a Montevideo, y que mis oportunidades de pasar días en Florida después de la escuela, eran cada vez menos, para mi Florida era andar lo mas cerca que el me permitiera, de mi tío Ulises. Antes de tener el Tango Bar era difícil seguirle el paso, porque el nunca tenia rumbo ni destino, pero siempre sabía para donde iba. Después de abrir el Bar, era mas fácil estar cerca de el, y de Ulisito que era menor que yo, de Danubio , ese gordo de oro y todo ese entorno que me hacia constantemente desear el volver a Florida a quedarme del todo. 

Lamentablemente no era fácil; en 1980 cuando vuelvo a la patria después de un exilio de 10 largos años, Ulisito, estaba en Europa, Ulises se había ido para siempre con su bohemia y lo que quedaba eran mis padres que se habían vuelto a Florida y para colmo de glorias, habían comprado el Tango Bar. 

Por eso para mi es un punto referente de mi vida, como la herrería de Fassanaro, mi querido Candil y la Cuchilla Santarcieri. 

Hoy lejos de la patria y de Florida, me aferro cada vez más a mis recuerdos, porque mas que nada son mi cable a tierra, mi boleto de ida y vuelta a ese lugar feliz en el que todos siempre queremos vivir aunque sea a la distancia. 

  El Tordillo

Wednesday, November 4, 2020

Arriba del Café Sportman. Historias cortitas.

 


Debería ser por alrededor del 1954, yo era un gurí de 6 años, mi padre tenia el taxi en la parada del Sportman, para mi era el paseo de la semana cuando me llevaba en el fin de semana a visitar a los “tíos” Giordano, Cesar me trataba como a un hijo y siempre me daba algo rico para comer y una Bilz, que era mi bebida preferida. Alguna vez hasta me dejaban jugar un ratito al billar, si no lo estaba usando nadie.

Pero… siempre hay un pero, arriba del café, había un salón comedor, que era atendido por un Sr. Mederos, muy amigo de mi padre, entonces después de estar un rato abajo, yo me iba para el comedor, la intención era que a veces Mederos me hacía ir por algún mandado y me daba una propinita, la que después completaba con un buen plato de unos deliciosos ravioles con tuco que el preparaba.

Y ahí no termina la historia, Mederos tenia dos o tres hijas, que siempre andaban revoloteando por el salón, a cuál de ellas mas lindas, vestidas bien como las gurisas del pueblo no como nosotros los de la Cuchilla Santarcieri, bien peinadas y perfumaditas. Una de ellas, creo recordar que su nombre era Nuri o algo así, fue mi “primer amor”. Ella podría tener uno o dos años mas que yo y me era imposible dejar de mirarla con ojos de cordero degollado..

Yo la llamaba "rubia", no se si porque realmente era rubia, o porque era tan diferente a nosotros, que bajabamos de la cuchilla con olor a boniato sancochado y leche recien ordeñada.

Un día Mederos se dio cuenta y me dijo “Ahhh vos no venís por los ravioles, vos venís por mi "rubia", mira que sos pillo. Cuando tengas unos 20 años y tengas un buen trabajo, capaz que te dejo casarte con ella” y largo una fuerte carcajada mientras sacudía los pelos de mi jopo.

Hasta los doce años, que me mandaron a casa de mis abuelos en Montevideo, yo pasaba por ahí todos los días, solo para mirarla de lejos. Los veinte me encontraron sin trabajo y perseguido, después el exilio y la distancia. Ella nunca supo que fue mi primer amor y quizás ni se acuerde del gurí de la Cuchilla Santarcieri que venía a hacer los mandados y que la seguia de atras como un perrito bien educado.

El Tordillo

 

Monday, March 23, 2020

Camino Portugues 2019. Aclarando.


Camino Portugues 2019. Aclarando.


Una futura peregrina, a la cual conocí en una de las reuniones de peregrinos que se hacen en Toronto, me llamo ayer, después de leer mi crónica sobre la etapa que hice de Lisboa a Alpriate, quería saber porque había llegado solo hasta ese lugar en vez de seguir hasta Alverca de Ribatejo, donde según ella, las guías del Camino y el Sr, John Brierley, termina la primera etapa.

Mi respuesta:
Susan, en todos los años que estoy en esto del peregrinaje, siempre he hecho el Camino a mi manera, porque es mi Camino, no quiero recorrer el que hizo Brierley o la gente de Eroski o Gronze. Es “mi Camino”.

NO me molesta salirme de ruta, pararme a sacar fotos o caminar a través de un atajo para ver una Iglesia que me han comentado que es muy linda. Alargo o acorto de acuerdo con lo que hablo con hospitaleros o gente local, que siempre está llena de información que quieren compartir, si tu estas dispuesto a escuchar.


Se cuales son los próximos pueblos por los que pasare, porque tengo un mapa del recorrido, pero no se donde me quedare. El Camino manda y provee, simplemente sigue las flechas amarillas y déjate que la ruta te sorprenda, a mi me gusta masticar lo que trago y no digerir lo que otros masticaron.

Recuerdo salir de Saint Jean de Pied du Port en los pirineos, con simplemente la hoja de distancias y altimetrías que brinda la Oficina del Peregrino de ese hermosísimo lugar, desde donde la mayoría comienza el Camino Frances. A mi alrededor, la gente caminaba con grandes mapas, libros de guía, teléfonos celulares, wiki esto y wiki lo otro… al final después de un mes, todos llegamos a Santiago, cada uno enriquecido por la forma en que hizo su propio Camino.

En deducción, es tu o mi Camino, hazlo a tu placer y gusto, usa guías o no, pero no dejes de experimentar y cambiar rumbos o distancias de acuerdo con lo que el Camino dicte, solo El y el Santo Apóstol son los que decidirán donde tienes que ir y como llegar. No acarrees cadenas de otro, libérate y disfruta. 

 Ultreia Susan y peregrin@s tod@s.

Simplemente sigue las flechas amarillas…





Sunday, March 22, 2020

Camino Portugues 2019. Lisboa/Alpriate. -





Camino Portugues 2019. Lisboa/Alpriate. -


La salida tempranera me lleva nuevamente a recorrer las estrechas calles de el barrio de Alfama, donde en algunos lugares, todavía están limpiando los bares y patios, que, hasta casi la madrugada, fueron regados con llantos de Fados y vinos autóctonos. Todavía quedan algunos rezagados que entre nubes de vapor de alcohol, se dirigen a sus casas, no siempre caminando en línea recta.

Las flechas que me van a sacar de la ciudad no son fáciles de encontrar, pero un peregrino experto se da cuenta que con solo seguir con el Tejo a la derecha y rumbeando al norte, se encontrara con el Parque de las Naciones, un emblemático y moderno desarrollo que se hizo para la Expo 98. Hasta llegar ahí, el camino es todo por ciudad, después de pasar por la estación de trenes, zona residencial e industrial se entremezclan, siempre con calles empedradas y grasosas por el transito de camiones y autos, que durante el día debe ser muy intenso.

Cada tanto desde alguna esquina, miro a mi derecha para ver si diviso donde termina la zona portuaria y comienza el paseo parque a la vera del rio. Se comienzan a ver modernos edificios y estructuras, hoteles, restaurantes y bares aparecen en una zona poblada por hermosos edificios de apartamentos residenciales, muchos de ellos con vistas al rio o a anchos y sombreados bulevares. Fuentes, estatuas y grandes jardines ponen una sonrisa en el rostro del peregrino. Es un placer caminar con este entorno.

Desde una panadería del lugar, el aroma a pan fresco y café, me invitan a sentarme, en una mesa frente a un Boulevard, me deleito con todavía humeante y hojaldrado “pastei de nata” que, regado con un hirviente café con leche, me dieron las fuerzas y la alegría para seguir camino hasta Alpriate.

De golpe, aparece la maravillosa silueta del Ponte Vasco da Gama que con sus casi 13 kilómetros de longitud es el segundo en longitud en toda Europa. Una verdadera joya arquitectónica que se termino de construir a mediados de 1998.

Un poco más adelante ya cambia el paisaje, después de caminar un trecho se vuelve mas descuidado hasta llegar a un sendero junto a un riachuelo (creo que se llamaba Trancao). Atención esta zona es un poco confusa para el peregrino por dos o tres cruces de ruta, puentes y rotondas, pero si prestamos atención se encuentran las flechas que los peregrinos tanto ansiamos. Desde aquí los indicadores tienen dos flechas, una azul que te guían a Fátima y las tradicionales amarillas del Camino de Santiago. Por los próximos 80 o 90 kilómetros ambas nos acompañaran, creo que hasta Santarém o Tomar, ya veremos.

De aquí en adelante, el paisaje se muestra mas bucólico, caminamos por sendas que usan los granjeros de la zona, donde la soledad y el silencio nos ayudan a comenzar a pensar en el largo viaje que nos espera para ir a abrazar al Santo Apóstol.

La llegada a Alpriate se hace muy llevadera, es una etapa de unos 22 kilómetros que te deja en la puerta del muy bien cuidado y atendido Albergue de peregrinos de Alpriate, fundado y regenteado por la Asociación de la Vía Lusitania. Esta noche somos 8 peregrinos los que disfrutamos de las instalaciones y del pequeño y prolijo pueblo. 


Mañana veremos lo que el sendero nos depara, Dios mediante llegare hasta Vila Franca de Xira, siempre siguiendo las flechas amarillas…























Saturday, March 21, 2020

Camino portugués 2019. Lisboa.



Camino portugués 2019. Lisboa.


El 26 de abril del 2019, comienza una nueva aventura, la intención es llegar a Santiago por el Camino Portugués, desde Lisboa, mis 71 años son el reto mas grande que debo enfrentar, lo demás son solo kilómetros y poniendo siempre un pie delante del otro, continuamente y sin apuro, se llega a donde sea, los famosos soldados romanos, ya lo demostraron hace mucho tiempo, así que, adelante con la tarea.
Como es costumbre, nunca reservo donde me voy a quedar esta noche, pero el primer día del viaje, al arribar, siempre lo hago por las dudas. Mi destino una pensión modesta pero supuestamente limpia y prolija, a pocos metros de la Catedral de Lisboa, será mi base por los primeros dos días, porque considero un sacrilegio, el llegar a una de las ciudades mas antiguas de Europa y no recorrerla, aunque sea un poco, para ver sus antiguas maravillas, aclimatarme al lugar y al sonido del idioma, que entiendo bastante pero que no hablo fluidamente.
Maravillosamente sorprendido por la antigua hermosura de esta ciudad junto al rio Tejo, no alcanzaría una resma de papel para describir lo visto y vivido en estos dos primeros días. Antiguas Universidades, los laberintos de la zona de Alfama, donde siempre de fondo se escucha un Fado retumbando en las calles empedradas. El majestuoso Castelo Sao Jorge, todas y cada una de sus impresionantes iglesias, los tranvías que parecen que van a estrellarse en las casas de los vecindarios de calles estrechas, donde los peatones tienen que entrar a los umbrales de las puertas para que puedan pasar.
El olor a pescado y frutos de mar cocinados de cientos de formas diferentes, los vinos que acompañan los almuerzos en forma abundante, escalinatas que te llevan a lugares que no aparecen en los mapas, gente que sin entender mucho lo que preguntas, con una sonrisa adivinan lo que quieres y te señalan el camino. Las panaderías repletas de manjares dulces, salados y los infaltables Pastéis de Nata, algo que es típico de Portugal, muchas veces imitado, pero jamás igualados.
Siguiendo el consejo de otro peregrino que comenzaba el Camino un día antes que yo, lo primero que hice fue visitar la Catedral y desde ahí, salir sin rumbo, sin guías o mapas, comprar un pase para los tranvías y bajar y subir a ellos donde los ojos me dijeran que había algo interesante. Caminar hacia los lugares donde se ve mucha gente o a mi estilo, evitar las muchedumbres y seguir a los locales hacia donde se pierden sus pasos, en recónditos lugares que siempre te sorprenden.
Lisboa es una ciudad que creo merecería una semana entera como turista para tomarle el gusto y quizás conocer un 20% de lo que ofrece, pero yo como peregrino, me tengo que marchar y seguir Camino, la segunda madrugada me encontrara mochila a la espalda, sonrisa en rostro y bordón en mano, siguiendo las flechas amarillas. 
La primera al salir de la Catedral, donde estamparon mi partida, la veo desde la ventana del cuarto de la pension... a por ella.